Tres catedrales, un solo relato. Carta del obispo de Barbastro-Monzón. 22 de marzo de 2026

Ángel Pérez Pueyo
20 de marzo de 2026

El proyecto de las Tres Catedrales, que ha desarrollado nuestro obispado con otras siete diócesis españolas dentro de Expedición 4.0 al Medievo, nace de una convicción tan sencilla como profunda: para comprender un territorio es necesario escuchar su alma. Y el alma del Alto Aragón oriental se ha expresado, durante siglos, a través de la fe cristiana. Una fe encarnada en la historia, en la cultura y en la vida cotidiana de un pueblo que supo habitar una tierra agreste y espectacular, marcada por la frontera, el paso y el encuentro.

La Catedral de San Vicente, la Concatedral de Santa María del Romeral y la Catedral de la Asunción no son tres monumentos aislados ni simples hitos arquitectónicos repartidos en el territorio. Son tres capítulos de un mismo relato, tres momentos de una historia común que permite recorrer más de novecientos años en los que se forjó esta diócesis como espacio de identidad compartida, de creatividad espiritual y de convivencia plural.

Roda de Isábena, enclavada en un entorno montañoso y aparentemente periférico, fue durante siglos un verdadero faro espiritual y cultural. Su catedral románica, austera y proporcionada, no sólo responde a una estética, sino a una concepción del mundo: la fe como eje vertebrador del territorio, capaz de generar cultura, organización social y apertura a Europa.

Monzón, nudo estratégico entre Aragón, Cataluña y el Levante, convirtió su concatedral en lugar de encuentro entre Iglesia y vida pública, escenario de decisiones que marcaron la historia de la Corona de Aragón.

Barbastro, ciudad dinámica de comerciantes y gremios, levantó su catedral como expresión de una fe madura, urbana y compartida, y como afirmación legítima de su deseo de recuperar la sede episcopal.

Leídas conjuntamente, las Tres Catedrales permiten comprender que la fe cristiana no fue un elemento marginal ni decorativo, sino un verdadero motor de cohesión social, de progreso cultural y de sentido colectivo. En torno a ellas se organizaron ciudades, se estructuraron relaciones, se transmitieron valores y se construyó identidad. Fueron, y siguen siendo, lugares donde la fe se hizo historia y la historia se dejó iluminar por la fe.

Hoy, cuando el territorio se enfrenta a desafíos como la despoblación, el envejecimiento o la pérdida de referencias comunes, este proyecto invita a volver la mirada hacia las catedrales no con nostalgia, sino con esperanza. No como vestigios del pasado, sino como raíces vivas, capaces de seguir ofreciendo sentido, pertenencia y futuro a un pueblo que busca reencontrarse consigo mismo.

 

Con mi afecto y mi bendición

Ángel Javier Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

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