Don Ángel participó el pasado sábado en la romería del Santo Cristo de Navarri y las Colladas, y bendijo la ermita que recientemente ha sido restaurada por los vecinos. A ellos se dirigió el obispo, a las familias de las cinco casas – Riva, Solé, Mora, Tisidó y Blanc- del pueblo y a todos los que subieron a la ermita
El obispo subrayó que las obras realizadas van más allá del arreglo de paredes: «Es cuidar un lugar sagrado, mantener viva la memoria y dejar algo mejor a los que vendrán». Deseó que este templo siga siendo sentido como un hogar donde Dios es «huésped y vecino» de Navarri.
En su homilía, destacó que esta romería es una herencia recibida de padres y abuelos, donde «la fe se ha hecho cultura, tradición y camino compartido». «Ellos subían hasta aquí con una fe muy clara: que Dios estaba presente en su vida, en los campos y en el trabajo», recordó ante los vecinos y amigos congregados.
Uno de los momentos más significativos fue la bendición de los campos, realizada como un acto de fe en el que se reconoce que el fruto de la tierra depende tanto de la providencia de Dios como del trabajo fiel del hombre. El obispo pidió para que «no falte el pan, la lluvia ni la esperanza» en los pueblos de la zona.
Don Ángel instó a los presentes a no dejar que las tradiciones se conviertan en simple folclore, sino a mantener vivo el alma de la fe. El objetivo de la romería, señaló, no es solo subir a la ermita, sino bajar de ella con el corazón transformado, demostrando al mundo que «donde hay una tierra trabajada con fe y una vida vivida con Dios siempre hay fruto”.



