La Iglesia de San Pedro Apóstol de Binéfar ha acogido la celebración diocesana de la Pascua del Enfermo organizada por Pastoral de la Salud y la Hospitalidad Diocesana de Lourdes. La jornada, presidida por Mons. Ángel Pérez Pueyo, se ha centrado en el lema «La compasión del Samaritano: Amar llevando el dolor del otro», inspirado en la cita bíblica «Lo llevó a una posada y lo cuidó» (Lc 10, 34).
En su homilía, el obispo ha lanzado un mensaje contundente contra la invisibilización del sufrimiento en la sociedad actual. «Una sociedad que esconde a los enfermos es una sociedad enferma» , ha afirmado, recordando palabras de Benedicto XVI sobre la crueldad de no aceptar el dolor. Frente a esto, ha reivindicado que, aunque existan enfermedades incurables, no existen enfermos «descartables».
Todo lo contrario, ha señalado, los enfermos no deben ser vistos como una carga o un estorbo, sino como una «presencia sagrada» y el «corazón de la Iglesia». A ellos se dirigió para invitarles a tener una misión activa, enseñando paciencia y fe. Don Ángel recordó que una sociedad que esconde el sufrimiento se vuelve «cruel e inhumana», haciendo una llamada a todos los fieles para ser una «familia que cuida», donde nadie sobra.
Uno de los momentos más profundos fue la administración del sacramento de la unción de los enfermos, sacramento que no busca la desaparición mágica del dolor, sino fortalecer la esperanza y recordar que «el dolor ya no está solo» porque Dios entra en él. La celebración concluyó con el homenaje a enfermos y ancianos, y el agradecimiento a los organizadores, familias, cuidadores y voluntarios por ser «las manos de Dios, la caricia de la Iglesia, la esperanza concreta de los enfermos».
La celebración enmarcó las felicitaciones a José Antonio Castán, por sus 48 años de ministerio sacerdotal, así como a sor Julia Lirios, delegada de Caridad, y de José María Sistac junto a su esposa Elena, coordinadores de la pastoral de la salud y presidentes de la Hospitalidad de Lourdes de la Diócesis de Barbastro-Monzón.
Con esta celebración, la diócesis reafirma su compromiso de ser «una familia que cuida» y un hogar donde, en palabras de la pastoral diocesana, nadie sobra.



