Fue la primera mujer en ingresar en la Academia de Ciencias Morales y Políticas y tuvo el hallazgo de crear una palabra, ‘aporofobia’, rechazo el pobre, que remueve conciencias.

Escribí el libro que me ha hecho famosa, ‘Ética mínima`, donde explico que hay que hacer una distinción entre lo justo y lo bueno. Lo justo se exige. En cambio, lo bueno, las propuestas de felicidad no se pueden imponer, son una opción personal.

La ética mínima consiste en: Las exigencias de justicia que no se pueden olvidar sin caer en inhumanidad. Esas exigencias son necesarias para todos. Tiene que cumplirlas todo el mundo. Un ejemplo son los derechos humanos. Que haya gente que se muera de hambre o no tenga techo es radicalmente injusto.

En los políticos de hoy, ”hay una decadencia total. En España se ha ido produciendo un proceso de desgaste, no tanto de la sociedad civil como de los políticos. En las encuestas aparecen a menudo como primer problema, antes que el paro. Hay una enorme desafección.

La gente tiene la sensación de que a los políticos no les preocupa el bien común, sino su propio bien y seguir en el poder. Se ha producido un deterioro enorme. En una charla dije que me preocupaba tanto la corrupción como la incompetencia y hubo una salva de aplausos porque efectivamente hay muchísima incompetencia.

Hay un clima de confrontación parlamentaria. Usted habla del insulto, de la mentira… y, frente a ellos, el poder de la palabra.

La palabra es fundamental. Nos podemos fiar unos de otros cuando solemos ser veraces y cumplimos con nuestras promesas. Lo más importante que han descubierto los seres humanos es la capacidad de cooperar. Cuando cooperamos, podemos hacer inteligencia artificial, encontrar vacunas maravillosas… Pero se necesita una cosa básica: la confianza de unos en otros. Y la palabra es esencial.

Ahora se está prostituyendo la palabra. La palabra dada parece que no sirve para nada. Hace años era impresionante. Cuando alguien daba la palabra en el campo, ya estaba clarísimo.

Ahora la sociedad no reacciona. Si cuando estamos viendo que se miente continuamente, la sociedad reaccionara, irían con mucho cuidado. Pero como no es así, pues aquí seguimos. Ese vaciamiento de la palabra es letal; impide construir juntos.

Una cosa es dialogar, ponerse de acuerdo, compartir y cooperar. Los pactos que hay ahora en el Gobierno no buscan un bien común, sino seguir en el poder. Es evidente. Una cosa es hacer acuerdos cooperativos y otra cosa es decir ‘vamos a hacer unas negociaciones bilaterales con los que nos interesa negociar para poder permanecer en el Gobierno`.

Hay que acabar con la migración forzosa, es inhumana. La gente que viene de otros países quiere quedarse porque no tienen posibilidades en el lugar del que vienen. No es porque sean negros, azules o verdes, sino porque hay que hacer sitio para ellos. Yo estoy del todo a favor de acoger a la inmigración. Hay que hacerlo razonablemente, organizarlo de tal manera que todo el mundo quede bien situado.

Un niño rechazado por sus compañeros. Es apartado porque parece que no tiene nada interesante que dar. En cambio, a los que destacan en la clase se les hace todo tipo de parabienes. Y eso pasa en todas las esferas de la vida social.

Las redes sociales y la tecnología en general pueden influir negativamente. Este picotear con el correo electrónico, con Google, hace que no tengamos ya capacidad de leer un libro entero discurriendo y sacando notas. Nos hacemos superficiales.

Es imprescindible preguntarse por los fines últimos de la vida. Si no nos preguntamos quiénes somos, qué es nuestro mundo, no somos humanos. Intentar responder a estas preguntas no sé si nos da una vida mejor, pero es nuestra manera de ser humanos.

Razón y corazón tienen que ir unidos. Cuando decía Pascal aquello de `hay razones del corazón que la razón no entiende’, efectivamente es que la razón humana siempre va unida al sentimiento, al corazón; no se los puede separar.

Y la maldad existe. Cuando se dice que Putin o Hitler son unos psicópatas… No, mire, déjese de cuentos. La maldad existe. No porque no se tengan sentimientos, sino porque se opta por tomar decisiones que dañan a la gente. Existe la gente que quiere dañar a otros, y no son psicópatas, son sencillamente malvados.

Yo creo que la felicidad consiste en tratar de darle un buen sentido a la propia vida.

La fe por supuesto que ayuda, sí. Cuando una persona es creyente, como es mi caso, por supuesto que ayuda. Estás en un mundo en el que el amor es lo que importa y te hace feliz. La fe merece la pena vivirla.

Tener fe es un don. Y se cultiva: sabemos que, si las cosas no se cultivan, al final acaban.

Si este artículo (más bien esta copia de XLSemanal, nº 1909. 26 mayo – 1 junio 2024 – Pág 14-20) solamente sirve para que una persona más conozca a Adela Cortina, me doy por satisfecho. Gracias.