… tal vez, pero ¿los hemos amado?”

“No hemos odiado a los pobres, como la historia dirá de nosotros. Solo hemos dormido… Cuando nos hemos despertado, era demasiado tarde. Los pobres se habían ido sin nosotros”.

Son palabras de un sacerdote italiano, Lorenzo Milani (1923 – 1967), desconocido por la inmensa mayoría de los cristianos. En su libro “Experiencias espirituales” denuncia una Iglesia que se ha convertido en mera dispensadora ritual de sacramentos y que, sobre todo, había dejado de lado a los pobres. Su libro fue ‘retirado’ por las autoridades de la Iglesia Diocesana a la que pertenecía, Florencia, y su autor fue ‘retirado’ a la pequeña parroquia de Barbiana.

Y Lorenzo reacciona así: al llegar a Barbiana quería “pagar mis deudas con Dios… Y Dios, en cambio, me ha endeudado todavía más: ha hecho que me acogieran los pobres y me ha rodeado de su cariño”. Lo que había sido un castigo en la mentalidad de quien lo envió a Barbiana, acabó siendo un don para el ‘castigado’.

Pero Milani, aunque siga siendo poco conocido, no está olvidado en ambientes y grupos cristianos que siguen su espiritualidad y su entrega a los sencillos en muchos rincones del mundo, también en España. Su nueva situación encuentra hoy entre nosotros bastante parecido con todos aquellos vocacionados (vocaciones de servicio y entrega generosa a las necesidades humanas y espirituales de las personas) que siguen viviendo y trabajando en lo que hoy llamamos entre nosotros “La España vaciada”.

 ¡Benditos los vaciados de sí mismos que sirven en y a la España vaciada! Son signos de esperanza y de comunión para y con los olvidados por la sociedad avanzada. Esa sociedad tecnificada y llena de ‘cacharros’, cosas y hábitos bastante innecesarios, cuando no faltos de humanidad, y que cultivamos todos los sometidos al ritmo no pensante de nuestra sociedad.

Volviendo a Milani, recojo una afirmación que expresa su profunda espiritualidad cristiana llena de amor a los demás, concretados en la población y en los niños de Barbiana, y fundamentada en su amor a y con Dios: “Os he querido más a vosotros que a Dios, pero mi esperanza es que Él no esté atento a estas sutilezas y haya escrito todo a su cuenta”.

Profunda cuestión de Milani que él mismo profundiza y `soluciona’ cuando afirma: “la gente no cree a quien no ama. ¿Y quién va a poder amar a los chicos, sino un maestro que junto a ellos ame también a Dios?”

En realidad, no hace sino `copiar´ a San Juan: “Si alguno dice: «Yo amo a Dios», y al mismo tiempo aborrece a su hermano, es un mentiroso. Pues si uno no ama a su hermano, a quien ve, tampoco puede amar a Dios, a quien no ve” (1 Jn 4,20).

Estas afirmaciones de San Juan y de Milani son extensibles, evidentemente, a todos y cada uno de nosotros. Y a toda la Iglesia en su conjunto: “La Iglesia que no ama no evangeliza”. Por eso, todos debemos preguntarnos: ¿Amamos lo suficiente? Sólo respondiéndonos sinceramente sabremos si amamos o no lo suficiente.

Lo suficiente, en el amor, no tiene límites. El amor no se mide. El amor es verdadero, auténtico, si crece constantemente, aun sin ser correspondido. El amor es gratuito o no es amor.

También lo afirma Milani: “No hay más que una elección: o regresar a la torre de los privilegiados a decirse unos y otros cosas elevadísimas en el lenguaje privado de los elegidos o dedicarse solo a la misión de dar un lenguaje a los pobres, pero un lenguaje que lo entiendan todos, que abre y amplía el círculo de quien entiende”.

Milani dio a los pobres el único medio que él empleó en su vida: la palabra. La palabra a los pobres para que llamen a las cosas por su nombre, cambien un mundo injusto hecho a la medida de los ricos, expresen todo lo que llevan en su corazón y puedan comprender la Palabra de Dios.

“No hemos odiado a los pobres… tal vez, pero ¿los hemos amado?”