La Asociación de Amigos del Museo Diocesano nombra Socio de Honor a san Ramón

Ascen Lardiés
26 de julio de 2026

La Asociación de Amigos del Museo Diocesano de Barbastro-Monzón ha celebrado una nueva edición de la tradicional Noche en el Museo, velada plenamente consolidada que suma ya doce ediciones. La cita, que nació con el propósito de agradecer a los socios su compromiso con el arte y el Museo, ha hecho en esta ocasión un guiño al Año Jubilar de San Ramón Obispo.

En primer lugar, con la ponencia impartida por la subdirectora de la institución, María Puértolas, bajo el título “San Ramón y el Arte”. A lo largo de la charla, Puértolas desgranó el legado artístico, espiritual y patrimonial que el obispo del siglo XII dejó en el territorio diocesano, subrayando la influencia de su figura en el riquísimo patrimonio diocesano.

En segundo lugar, con la entrega de la distinción de Socio de Honor 2026, galardón que la Asociación otorgó de manera excepcional al propio san Ramón. La presidenta de los Amigos, Patricia Bravo, calificó el galardón como un agradecimiento al santo patrón «por sembrar arte, cultura y patrimonio hace tantos siglos… y comprobar que la siembra sigue dando frutos con AMIGOS -ya más de 600- que lo cuidan y lo hacen crecer».

El encargo de recoger la distinción en nombre de su predecesor recayó en Mons. Ángel Pérez Pueyo, obispo de Barbastro-Monzón, quien también expresó su gratitud al Museo y su Asociación de Amigos, a los que calificó de portadores de dos «virus imprescindibles»: la ternura y la belleza. Además, hizo entrega a Bravo de la medalla conmemorativa del viaje apostólico a España del papa León XIV.

En su intervención, don Ángel puntualizó que «este premio lo recibe realmente san Ramón. Tiene pleno sentido que un obispo del siglo XII sea homenajeado en pleno siglo XXI, porque sigue teniendo mucho que decirnos». En este sentido, subrayó que «nos creemos libres y, sin embargo, vivimos esclavizados por la apariencia, el miedo a perder o la obsesión por el éxito. San Ramón fue un hombre verdaderamente libre: libre para obedecer a Dios antes que a los hombres; libre para perder la diócesis sin perder la paz; libre para aceptar el destierro sin renunciar a su misión. Esa fue su obra de arte más hermosa: una vida coherente y libre».

Asimismo, recordó que, aunque el Museo custodia piezas e imágenes de valor incalculable, su patrimonio más apreciado son «los hombres y mujeres que, como san Ramón, hicieron de su propia vida una auténtica obra maestra del Espíritu». Expresó el deseo de que el premio no fuera «un reconocimiento al pasado, sino una llamada para todos nosotros. El mundo no necesita únicamente buenos gestores, excelentes profesionales o grandes artistas. Necesita hombres y mujeres, como vosotros, libres; bellos por dentro, sensibles al sufrimiento ajeno y capaces de sembrar ternura».

Para concluir, el prelado animó a todos a seguir abriendo las puertas de la institución: «Derribemos sus muros y hagamos de toda nuestra diócesis un gran itinerARTE, donde la belleza evangelice, la ternura abrace y cada persona pueda encontrarse con el Señor».

Las aplaudidas versiones musicales de Leo Susana y la cena, con espacio para el conjunto gastronómico de “El capricho de Juan de Segura”, completaron la velada y alargaron las charlas en la Plaza Manuel Iglesias y Enrique Calvera del Museo.

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