Un café con Jesús. Flash sobre el Evangelio del XXIII Domingo del tiempo ordinario – ciclo A – 06 de septiembre de 2026
Después de proclamar el Evangelio de este domingo (Mt 18, 15-20), el párroco nos ha dicho que, para entender la recomendación de Jesús en su justo sentido, hemos de referirla a las ofensas contra la comunidad, no «contra ti», como se lee en el texto del Evangelio que se ha proclamado.
Los estudiosos que han analizado este texto dicen que la respuesta de Jesús se refiere a los pecados que rompen la concordia en la comunidad, ya que sobre los que ofenden directamente al hermano Jesús dijo, lisa y llanamente, que lo perdonásemos, respondiendo así a la pregunta de Pedro: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano?», como se lee un poco más adelante. Parece que los comportamientos que rompían la unidad de la comunidad cristiana preocupaban seriamente a los cristianos de la primera generación. He pensado que debía comentarlo con Jesús, y cuando le he tenido ante mí le he dicho:
– ¿Por qué los cristianos para los que san Mateo escribió su Evangelio estaban tan preocupados por la unidad y cordialidad dentro de su comunidad? Hoy hemos escuchado todo un protocolo
sobre cómo comportarse en los casos de ofensas a la comunidad…
Jesús ha sonreído y, tomando su taza entre las manos, se ha mostrado dispuesto a hacer una de esas explicaciones con las que otras veces me ha ayudado a comprender el sentido de sus palabras y yo, dispuesto a escucharle, también he tomado un sorbo de café…
– ¿Es que no recuerdas que en la oración de la cena de despedida pedí al Padre: «que sean uno como Tú y yo somos uno?». La unidad y la cordialidad entre vosotros es el signo que hace visible
mi presencia en un mundo roto por tantas discordias y egoísmos como el vuestro.
– Pero el protocolo que propusiste no resulta nada fácil. ¡Buenos están los tiempos como para tomar a alguien a solas y decirle que se ha comportado mal! ¡Más aún para decírselo en presencia de un par de testigos! ¿No empieza por ahí la “corrección fraterna”? Lo más probable es que el otro te conteste con algo de retintín ¡mirad a “don perfecto”! y salgas escaldado.
– Contribuir a que en vuestras comunidades la vida se guíe por el amor y el perdón es arriesgado, ya lo sé, pero imprescindible. Cuando os propuse la parábola de la oveja perdida, os pedí que salieseis en su busca para retornarla al redil. San Agustín, comentando en uno de sus sermones esta parábola, imagina el diálogo entre un pastor y una oveja contumaz; el pastor la busca y la oveja le dice: “¿por qué me buscas? Es así como quiero perderme”, pero el pastor le replica: “y yo no quiero que te pierdas. Seré importuno contigo como el apóstol Pablo, que estaba dispuesto a insistir a tiempo y a destiempo…”
– De modo que el riesgo de ser mal interpretados no justifica que dejemos de corregirnos unos a otros fraternalmente -he concluido pensativo-.
– Recuerda que todavía añadí tres palabras: la primera, que lo que atéis o desatéis en la tierra repercutirá en el cielo; la segunda, que debéis hacer estas correcciones en clima de oración, sabiendo que el Padre os escucha; y la tercera, que yo sigo estando en medio de vosotros…
– En resumen, que tú quieres que busquemos la concordia y la unidad entre nosotros a pesar de los riesgos…
– A pesar de los riesgos… -me ha recalcado mientras se marchaba-.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo (18, 15-20).
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Si tu hermano peca contra ti, repréndelo, estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano. En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos. Os digo, además, que, si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».
Palabra del Señor