Los peregrinos de la Diócesis de Barbastro-Monzón llevan a Lourdes la celebración del Año Jubilar de San Ramón Obispo

Ascen Lardiés
29 de agosto de 2026

La XXIX Peregrinación Diocesana de Barbastro-Monzón a Lourdes ha vivido uno de los momentos más esperados del programa: la misa en la Gruta de las Apariciones. La eucaristía, presidida por el obispo diocesano, Mons. Ángel Pérez Pueyo, ha estado marcada por el protagonismo indiscutible de los enfermos y la especial presencia espiritual de san Ramón Obispo.

El núcleo de la ha girado en torno a ese «invitado de honor», san Ramón cuyo Año Jubilar se está celebrando, El obispo ha presentado la imagen del patrón diocesano a Nuestra Señora de Lourdes en la Gruta y ha recreado una tierna conversación imaginaria entre ambos sobre el verdadero significado de cuidar.

En este diálogo, la Virgen recordaba a San Ramón que el secreto para cuidar de verdad es «mirar primero a quien nadie mira». Por su parte, el santo patrón comprendía en ese instante el verdadero sentido de su báculo pastoral: no como un cetro para gobernar, sino como un «cayado» para sostener a quien camina con dificultad. «Hemos aprendido lo mismo: que amar es sostener», ha subrayado el prelado ante los fieles.

«No sois una carga, nos evangelizáis»

Dirigiéndose de manera muy directa a los enfermos y mayores que asistían a la Gruta en sus sillas de ruedas o con el apoyo de bastones, el obispo les ha transmitido un mensaje rotundo de dignidad y consuelo: «No sois una carga para vuestra familia, no sois una carga para la diócesis… y, sobre todo, no sois una carga para Dios».

Lejos de considerarlos sujetos pasivos, ha enfatizado su papel activo en la Iglesia: «Vosotros también nos evangelizáis, nos curáis por dentro, nos curáis las heridas de la prisa y de creer que solamente vale quien produce». Su fragilidad, ha señalado, enseña a los demás a amar y a tender la mano.

A los voluntarios, hospitalarios y jóvenes scouts —a quienes ha definido cariñosamente como «ángeles de la guarda con pañoleta y camisa azul»— les ha recordado que su labor va mucho más allá de la ayuda física: «No lleváis una silla, lleváis una historia», instándoles a mirar despacio, escuchar y preguntar los nombres de las personas que acompañan. «Lourdes es un misterioso intercambio de dones: aquí nadie es solamente fuerte, nadie es solamente débil. Todos necesitamos ser cuidados y todos tenemos algo que ofrecer».

Un inicio de curso con los más vulnerables en el centro

El obispo ha recalcado que la diócesis ha querido arrancar su curso pastoral precisamente en la Gruta, antes de definir reuniones, agendas o proyectos. «La Iglesia se parece a Jesús no cuando coloca en el centro a los importantes, sino cuando coloca en el centro a quien otros corren el peligro de dejar en la cuneta», ha aseverado de manera firme.

La eucaristía ha concluido con una plegaria para que la Hospitalidad diocesana sea «una gran ternura» donde ningún enfermo se sienta olvidado. Al término de la misa, los peregrinos se han trasladado a las escaleras de la Basílica del Rosario para realizar la tradicional foto de grupo, continuando con una intensa jornada que incluye el rezo del Vía Crucis por la montaña, convivencia de jóvenes y enfermos, y la procesión eucarística vespertina.

Don Ángel ha saludado con afecto a los sacerdotes concelebrantes y al equipo que hace posible la peregrinación año tras año. Ha dedicado palabras de gratitud a Julia Lirio (delegada de caridad y apostolado de la salud), a José María Sistac (presidente de la Hospitalidad) junto a su esposa Elena, y a Julia Baldellou (secretaria). Asimismo, ha destacado la labor de Pedro y Loreto al frente del grupo de jóvenes Scouts que cooperan como voluntarios, y la aportación de José Luis López Membrilla y el grupo jotero, encargados de poner música y «hacer flotar» el ambiente en la gruta.

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