TEMAS: #   #   #

No lo permita Dios

Pedro Escartín
29 de agosto de 2026

El Evangelio de este domingo (Mt 16, 21-27) choca frontalmente con el del domingo pasado. Jesús alabó la respuesta de Pedro cuando preguntó: “¿Quién decís que soy yo?”; hoy en cambio, ha dicho al mismo Pedro que se alejase de él y le ha llamado Satanás, porque pretendía hacerle tropezar. ¿Qué ha ocurrido para un cambio tan rotundo? El evangelista ha escrito que a continuación Jesús empezó a anunciar la pasión y muerte que debía sufrir a manos de los jefes del pueblo y la espontánea reacción de Pedro fue: «¡No lo permita Dios!»…

– ¿Qué hubo de malo en las palabras de Pedro para que le llamases Satanás? -he preguntado a Jesús después de resumirle el Evangelio de este domingo–. Tu reacción me deja perplejo. Pedro sólo pedía que el Padre impidiera que la muerte del Mesías fuera tan ignominiosa. ¿Estaba tan equivocado como para merecer el reproche que le hiciste?

Jesús se ha acercado el café, ha diluido el azucarillo y después de saborearlo me ha dicho:

– Creo que uno de vuestros novelistas escribió que “el mar sólo existe donde hay profundidad”. Atrévete a entrar en la profundidad de lo que dije a Pedro. ¿Por qué piensas tú que quiso alejar
de mí el escándalo de un Mesías crucificado? -me ha dicho mirando mis ojos-.

– Pues porque ser el Mesías no se maridaba con la ignominia de ser despreciado.

– Eso es lo que vosotros pensáis, igual que lo pensaba Pedro y los judíos de los primeros años de la vida de mi Iglesia, que no se decidían a acogerse en ella por lo que mi apóstol Pablo llamó
“el escándalo de la cruz”.

– Pero en la oración de los salmos se pide de varias formas que el Mesías triunfe sobre sus enemigos y sobre los del pueblo elegido.

– ¡Con qué facilidad olvidáis los Cantos del “Siervo de Yahvé” que son una parte substancial del libro del profeta Isaías! Te recuerdo sus palabras: «Eran nuestras dolencias las que llevaba y nuestros dolores los que soportaba (…) él ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. Él soportó el castigo que nos trae la paz (…) Yahvé descargó sobre él la culpa de todos nosotros (…) Por sus desdichas justificará mi Siervo a muchos y las culpas de ellos él soportará (…) él llevó el pecado de muchos, e intercedió por los rebeldes» (Is 53, 5-12). Este “siervo” / “mesías” del que habla Isaías ¿tuvo alejada de sí la ignominia?

– ¿Pero Dios no hubiera podido perdonar nuestras culpas sin que su Mesías tuviera que sufrir?

– Olvidas que el mal y el pecado que lo causa son algo real, algo tan palpable como el sufrimiento que producen, y no sería justo que Dios hiciera la vista gorda ante el sufrimiento de sus hijos inocentes. ¿Cómo piensas que ha hecho que “la misericordia y la justicia se den la mano”? Enviando un Mesías que cargue con nuestras rebeldías… Esto es lo que Pedro aún no entendía. Por eso  quería apartarme de ser un Mesías sufriente. ¿Entiendes tú ahora por qué le llamé Satanás? Quería apartarme de la senda trazada por Dios.

Mientras le escuchaba he apurado mi café y me he dado cuenta de que sólo podía decir: ¡Gracias por haberme hecho entrar en la profundidad donde está el mar! Al querer que tu Hijo fuera un Mesías sufriente, y no el que Pedro y nosotros hubiéramos preferido, nos salvas de esa mediocridad de no tomar en serio ni tu misericordia ni tu justicia, he dicho al despedirme.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo (16, 21-27).
Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡No lo permita Dios! Eso no puede pasarte». Jesús se volvió y dijo a Pedro: «Aléjate de mí, Satanás. Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios». Entonces dijo a los discípulos: «El que quiera venir en pos de mí que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿Pues de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta».
Palabra del Señor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Compartir
WhatsApp
Email
Facebook
X (Twitter)
LinkedIn

Noticias relacionadas