Un café con Jesús. Flash sobre el Evangelio del IV Domingo del Tiempo Ordinario – B –

Jesús ya ha llegado a Cafarnaún, que significa “aldea de consuelo”, y ha tenido el consuelo de que oír que las buenas gentes decían que hablaba con autoridad y no como los escribas y doctores de la Ley. Éstos se apoyaban en la autoridad de otros rabinos, pero Jesús se apoyaba en las obras que hacía. Esto es algo de lo que he creído entender del evangelio de este domingo (Mc 1, 21-28). Pero a continuación, se ha leído la curación de un epiléptico, del que el evangelista dice que «tenía un espíritu inmundo». Me turba que los endemoniados aparezcan de vez en cuando en los relatos evangélicos y me he decidido a comentarlo con Jesús.

– No te turbes como si hubieras visto un fantasma -ha respondido al proponerle mis cuitas-. El demonio existe y la última petición del “Padrenuestro”, que os enseñé a rezar, lo reconoce sin paliativos: «Líbranos del Maligno», del malo o del mal, según hayáis traducido mis palabras. Pero, con una u otra traducción, me refería a él, al “Maligno”. ¿Te sorprende que su presencia se manifieste en algunas personas?

– Es que los “endemoniados” se nos antojan gente propia de tiempos oscuros y lejanos. Ahora tenemos medicinas y psiquíatras para tratar casos de epilepsia y similares -he replicado mientras llevaba nuestros cafés a una mesa libre-.

– No confundas el influjo del Maligno con las enfermedades mentales -me ha advertido mirándome fijamente-. Cuando aquel hombre, del que habla Marcos en el evangelio de hoy, se puso a gritar: «¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: El Santo de Dios», hablaba de algo muy real. Yo había venido a «arrancar de vuestros corazones el mal que os impide ser amigos y el odio que no os deja ser felices», tal como rezáis en una de las plegarias eucarísticas de las Misas con niños. ¿Te parece que las enemistades y el odio son cosas de otro tiempo?

Me he quedado cortado al oír estas palabras y me he limitado a balbucir:

– Si lo miras así, puede que el Maligno también esté haciendo ahora su trabajo…

– No lo dudes -me ha dicho sonriendo hasta conseguir que retornara la paz a mi rostro; luego ha tomado un sorbo de café y ha continuado-: el mal tiene muchas caras, pero siempre produce dolor en las almas y en los cuerpos con cualquiera de sus caras. Mi Vicario os ha escrito una carta que citáis poco y recordáis menos. La tituló “Fratelli tutti” para hablar de “la amistad y la paz social” en estos tiempos, tan modernos y tan antiguo como el mundo…

– Sí. La he leído -he dicho con mi taza de café en la mano-, pero se publicó cuando empezó la pandemia del coronavirus y me temo que ha caído en el olvido.

– No eches balones fuera (se dice así, ¿no es cierto?) -me ha replicado-. Precisamente porque la pandemia os proporcionó más tiempo para leer y reflexionar tendríais que saberla de memoria. Deja que te recuerde un par de párrafos: «La historia da muestras de estar volviendo atrás. Se encienden conflictos anacrónicos que se consideraban superados, resurgen nacionalismos cerrados, exasperados, resentidos y agresivos…». Además, denuncia que se está colonizando culturalmente a los jóvenes para que «desprecien la historia y rechacen la riqueza espiritual y humana que se les fue transmitiendo, para que ignoren todo lo que los ha precedido…» ¿Sigues pensando que la presencia del Maligno es agua pasada? Aquel hombre de Cafarnaún dijo verdad: yo he venido a acabar con lo malo que hay en vosotros…

– Esto será si nos dejamos ayudar por ti, pues tengo la impresión de que más de uno vive a gusto con esas manifestaciones del Maligno que denuncia Francisco. Tienes tarea para seguir echando al Maligno de nuestras vidas -he concluido con tristeza-. Luego he acercado las tazas vacías a la barra en un tímido gesto para colaborar en la amistad y la paz social.