Escuchémonos

Jesús Moreno
4 de marzo de 2026

“ESTE ES MI HIJO, EL AMADO. EN QUIEN ME COMPLAZCO. ESCUCHADLO” (Mt 8,5b)

Esto es, nada más y nada menos, lo que escuchamos (¿o solo “oímos”?) en la Eucaristía del domingo pasado, segundo de Cuaresma ciclo A.

Vamos a quitar el “oímos” y nos quedamos solo con “escuchamos”. Porque estoy convencido de que coincide más con la verdad. Ya que, quienes celebramos la Eucaristía el domingo pasado, segundo de Cuaresma Ciclo A, fuimos a escuchar, no solo a oír, la Palabra de Dios. Como hacemos todos los domingos.

 

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca (Mt 7,24).

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. (Mt 7,26)

 

Este imperativo del Padre: “¡Escuchadlo!” me ha llevado en esta ocasión a cambiar la persona verbal de la frase imperativa y transformarla en ESCUCHÉMONOS.

Alguien ha dicho, o es frase sin autor (si es así, lo inventó el pueblo), que Dios nos ha dado dos oídos y una lengua. Para que escuchemos el doble que hablamos.

Aunque la experiencia nos dice que no le hemos hecho mucho caso a Dios porque hablamos, hablamos y hablamos y escuchamos menos. Bastante menos.

Y eso es lo que necesitamos TODOS, TODOS, TODOS (la culpa del TRES la tiene el Papa Francisco. Que no se le hubiera ocurrido y no la repetiríamos tanto, tanto, tanto. Aunque fue una bendita ocurrencia, creo. Por eso la repetimos). TODOS, TODOS, TODOS necesitamos escucharnos.

Decididos todos a hablar – escuchar – callar – escuchar – hablar – callar y así sucesivamente. Así las relaciones cercanas podrán ser como una onda expansiva que, ¡ojalá!, llegue a los importantes, A los políticos que hablan tanto, tanto, tanto. ¿Lo aplicamos también a los curas cuando hablamos y hablamos y hablamos desde el ambón? Un buen cura amigo (q.e.p.d.) me decía: “Jesús, una homilía de 10 minutos necesita una hora de preparación por lo menos. Una homilía sin preparar se nota en que dura más de 10 minutos y se hace eterna por inconsistente y superficial”.

Para que la homilía no sea inconsistente y superficial, el sacerdote debe (debemos) escuchar antes: a la calle, donde todos pasamos un buen tiempo; al consejo pastoral para que no sea un florero para las estadísticas diocesanas o parroquiales; a todos los colaboradores parroquiales; a los que participan en la Eucaristía y nos sugieren alguna ‘cosilla’, si se atreven o les dejamos que se atrevan con nuestra actitud acogedora y estimulante.

Hay una gran diferencia para la Real Academia de la Lengua Española entre oír y escuchar.

Definición RAE de ESCUCHAR: Prestar atención a lo que se oye
La RAE define escuchar como un acto consciente que implica: Decidir prestar atención; Enfocar la mente en los sonidos; Interpretar y dar significado a lo que se percibe.

Definición RAE de OÍR: Percibir con el oído los sonidos; Proceso involuntario del sistema auditivo; No requiere esfuerzo consciente; Simple captación de ondas sonoras.

Perdonad la lección (es gratuita y copiada). Pero sí, estamos llamados a ESCUCHAR, a ESCUCHARNOS, a PRESTARNOS ATENCIÓN.

Es humano, y muy cristiano, eso de ESCUCHAR, ESCUCHARNOS. Que es lo mismo que acoger al otro, valorarlo.

Y al Señor, que es por donde hemos empezado. Para ser necio o prudente.

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