El arzobispo de Zaragoza subraya que «la igualdad en la Iglesia viene por el bautismo»

El arzobispo de Zaragoza, D. Vicente Jiménez Zamora, ha subrayado -en declaraciones recogidas por Europa Press- que en la Iglesia «todos somos iguales, el Papa y el último laico» porque «la igualdad en la Iglesia viene por el bautismo».

Ante la convocatoria de una plataforma de mujeres cristianas, que ha invitado a protagonizar este domingo, 1 de marzo, la ‘Revuelta de las mujeres en la Iglesia’, el arzobispo ha remarcado que «el más importante es el que más sirve y el más santo, sea mujer, niño, Papa u obispo».

Cosa distinta, ha explicado monseñor Jiménez Zamora, son «las funciones que cada uno realiza» dentro la institución. En este sentido, ha apuntado que en la Iglesia «todos somos hijos de Dios y ahí está la gran dignidad e igualdad, miembros de la Iglesia», que «participamos del sacerdocio común y bautismal».

Asimismo, el prelado ha señalado que «la dignidad está en ser cristiano, no en ser obispo», «todos podemos seguir a la Iglesia» y «la igualdad, repito, viene por el bautismo, que es la vocación radical de todos los fieles hijos de la Iglesia».

La fuerza y el don de las mujeres

Por otro lado, D. Vicente Jiménez ha resaltado el mensaje del papa Francisco en su exhortación apostólica postsinodal ‘Querida Amazonia’, publicada el 12 de febrero, en la que el Santo Padre asegura que sin las mujeres la Iglesia “se derrumba”, destacando que ellas “hacen su aporte a la Iglesia según su modo propio y prolongando la fuerza y la ternura de María, la madre”.En concreto, en el número 100 de la exhortación, el Papa invita «a expandir la mirada para evitar reducir nuestra comprensión de la Iglesia a estructuras funcionales», ya que «ese reduccionismo nos llevaría a pensar que se otorgaría a las mujeres un status y una participación mayor en la Iglesia sólo si se les diera acceso al Orden sagrado. Pero esta mirada en realidad limitaría las perspectivas, nos orientaría a clericalizar a las mujeres, disminuiría el gran valor de lo que ellas ya han dado y provocaría sutilmente un empobrecimiento de su aporte indispensable».

A continuación, en el punto 101, Francisco explica que «Jesucristo se presenta como Esposo de la comunidad que celebra la Eucaristía, a través de la figura de un varón que la preside como signo del único Sacerdote. Este diálogo entre el Esposo y la esposa que se eleva en la adoración y santifica a la comunidad, no debería encerrarnos en planteamientos parciales sobre el poder en la Iglesia. Porque el Señor quiso manifestar su poder y su amor a través de dos rostros humanos: el de su Hijo divino hecho hombre y el de una creatura que es mujer, María».

Fuerza y ternura

En palabras del Papa, «las mujeres hacen su aporte a la Iglesia según su modo propio y prolongando la fuerza y la ternura de María, la Madre. De este modo no nos limitamos a un planteamiento funcional, sino que entramos en la estructura íntima de la Iglesia. Así comprendemos radicalmente por qué sin las mujeres ella se derrumba, como se habrían caído a pedazos tantas comunidades de la Amazonia si no hubieran estado allí las mujeres, sosteniéndolas, conteniéndolas y cuidándolas. Esto muestra cuál es su poder característico».