Barbastro-Monzón clausura la Semana de la Familia en Fraga con un firme compromiso por la «humanización» del matrimonio

Ascen Lardiés
15 de febrero de 2026

La Diócesis de Barbastro-Monzón ha concluido este domingo, 8 de febrero, en Fraga los actos de la Semana de la Familia 2026. Bajo el lema nacional «El amor, la aventura más épica de todas», la jornada final ha estado marcada por la celebración de las bodas de oro y plata en las parroquias y, especialmente, por una profunda reflexión de Mons. Ángel Pérez Pueyo sobre los desafíos y la belleza de la vocación matrimonial en el mundo actual.

En su homilía, don Ángel no ha obviado la complejidad del momento presente, calificando las cifras actuales sobre el matrimonio como «desalentadoras» debido al descenso de enlaces y el aumento de las rupturas. Ha señalado que el problema de fondo es que la antropología dominante en el mundo posmoderno ya no es cristiana, lo que genera una sociedad con más soledad, miedo al compromiso y fragilidad afectiva.

«Nos prometieron más libertad y felicidad, y sin embargo constatamos más miedo», ha advertido el prelado, subrayando que la sociedad del bienestar no ha cumplido sus promesas de mayor fecundidad o libertad real.

Frente a este escenario que describe como «caótico», Mons. Pérez Pueyo ha lanzado una propuesta «contracultural»: apostar por la familia como el valor más seguro para humanizar el mundo. El obispo ha definido el matrimonio como una verdadera vocación de santidad, donde la entrega desinteresada no anula a la persona, sino que la plenifica.

Don Ángel ha descrito el vínculo matrimonial como «un tú en ti que te hace ser más yo», un don donde el «yo» no se pierde, sino que se ensancha al ser plenificado por el corazón ajeno. Además, en un contexto de polarización, ha defendido el «microclima familiar» como el lugar donde se aprende a escuchar, perdonar, esperar y empezar de nuevo. Finalmente ha recordado que la santidad en la pareja se alcanza en un amor que sostiene y genera vida, medida no solo en hijos, sino en una «humanidad compartida» que hace el mundo más habitable.

El mensaje final ha sido un llamamiento a la acción y a la acogida. El obispo ha pedido a las familias de la diócesis que se constituyan en «familias de cabecera» y «hospitales de guardia» que acojan a las personas rotas, heridas o vacías. «Nuestra diócesis debe ser una familia de familias», ha recalcado, invitando a ser «caricia, bálsamo y ternura de Dios para el mundo».

La clausura en Fraga pone fin a un programa itinerante que ha recorrido la diócesis desde el pasado 9 de febrero, abordando temas como la educación de los hijos en Binéfar, las dimensiones de la sexualidad en Monzón y el apoyo a la maternidad en Graus, a través del Proyecto Maternity.

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