Respondiendo a la invitación del obispo de Segovia, Mons. Jesús Vidal, el de Barbastro- Monzón se desplazó a la capital castellana para compartir la experiencia diocesana de renovación pastoral y geográfica. Mons. Pérez Pueyo lo hizo acompañado de un equipo diocesano que presentó los hitos de un proceso que se ha ido desarrollando durante más de una década y que aún sigue en camino.
Don Ángel evocó ante los sacerdotes segovianos los retos iniciales en su llegada a la Diócesis de Barbastro-Monzón, hace ahora 11 años, marcados por la despoblación, el envejecimiento o la escasez de sacerdotes, en el contexto de los desafíos globales que hoy encuentra la Iglesia.
A estos retos, muy similares a los que se enfrentan tantas diócesis españolas, Barbastro-Monzón está respondiendo con una reestructuración geográfica y pastoral, en la que la conversión personal, la sinodalidad, el discernimiento, la comunión, la misión y la corresponsabilidad son alguno de los ejes fundamentales.
En dos sesiones, para el presbiterio segoviano por la mañana y para los agentes de pastoral diocesanos por la tarde, Barbastro-Monzón presentó sus claves «para que nadie se pierda». Con el relato de «una experiencia humilde» dieron a conocer a los asistentes los aciertos y también los aprendizajes de los momentos más complejos del camino, ofreciendo una visión honesta del caminar de una diócesis en salida en pleno siglo XXI.
Para situar ese proceso, comenzaron exponiendo la realidad histórica y territorial de una diócesis «mariana, milenaria, martirial y misionera». A partir de ahí, el vicario de Pastoral, Paco Cabrero, explicó la transición hacia una estructura simplificada en cuatro delegaciones fundamentales (Anuncio, Caridad, Celebración y Comunión), con el objetivo de asegurar que a cada rincón llegue el «pan de la Eucaristía, la Palabra y la ternura de Dios».
La delegada de Celebración, Silvia Peropadre, habló de la necesaria conversión personal y la corresponsabilidad laical, subrayando el papel que desempañan los animadores de la comunidad. Los asistentes pudieron escuchar el testimonio de una de ellos, Marta Calavera, consagrada y ecónoma diocesana. Por su parte, la secretaria-canciller, Beatriz Mairal, desgranó el decreto episcopal de 2024, un documento de trabajo que recoge el organigrama diocesano, y repasó los principales cambios que el proceso ha llevado aparejados.





