Cuaresma no es un tiempo triste.
Sí, una invitación a la serena y esperanzada conversión.
Invitación a dar un poco de profundidad, autenticidad y verdad a nuestra existencia personal.
Eso nos lleva a una alegría interior. Solo gustable en la conversión.
Volver al Señor. Eso es convertirse en cristiano. Es toda la vida la que necesitamos convertir. TODOS, TODOS, TODOS. Y TODA VIDA, TODA, TODA, (Recordando a Francisco)
La vida personal, la rutina, la práctica religiosa, la fe, el amor y la esperanza… pueden languidecer y languidecen en cuanto nos despistamos un pelín. O un pelón. Languidecen cuando pierden en nosotros la alegría.
No debe extrañarnos que San Pablo nos diga con insistencia:
“Alegraos siempre en el Señor; os lo repito: alegraos. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo” (Fil 4,4)
Además, lo tenemos claro ya el Antiguo Testamento: ¡No os pongáis tristes; el gozo del Señor es vuestra fortaleza! (Neh 8,10). Es nuestra fortaleza. El gozo (más profundo que la alegría) del Señor nos anima y fortaleza.
Por esta alegría inseparable de la fe y vida cristianas, aunque tengamos roto el corazón, y aunque estemos en Cuaresma, todos los días la Iglesia no invita a `proclamar o cantar este precioso himno.
Todos los que rezamos los Laudes todos los días (y somos muchos: obispos, presbíteros, diáconos, religiosos y gran número de laicos), en Cuaresma recitamos (rezamos con el corazón) este bello himno de alegría y que rezuma esperanza:
Este es el día del Señor.
este es el tiempo de la misericordia.
Delante de tus ojos ya no enrojeceremos
a causa del antiguo pecado de tu pueblo.
Arrancarás de cuajo el corazón soberbio
y harás un pueblo humilde de corazón sincero.
En medio de las gentes nos guardas como un resto
Para cantar tus obras y adelantar tu Reino.
Seremos raza nueva para los cielos nuevos:
Sacerdotal estirpe, según tu Primogénito.
Caerán los opresores y exultarán los siervos;
Los hijos del oprobio serán tus herederos.
Señalarás entonces el día del regreso
para los que comían su pan en el destierro.
¡Exulten mis entrañas! ¡Alégrese mi pueblo!
Porque el Señor que es justo revoca sus decretos.
La salvación se anuncia donde acechó el infierno,
porque el Señor habita en medio de su pueblo.
Hasta aquí el himno cuaresmal. Para orarlo con el corazón y hacerlo también nuestro.