Cómo nacer siendo viejo

Pedro Escartín
30 de mayo de 2026

Un café con Jesús. Flash sobre el Evangelio del Domingo de la Santísima Trinidad – A – (31/05/2026)

Hoy la Iglesia nos sitúa ante la Santísima Trinidad. En su trinidad de personas, Dios muestra cuánto nos ama. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no son tres dioses, sino un mismo y único Dios en tres personas distintas, pero de la misma naturaleza e iguales en su dignidad. Además, la Iglesia nos pide que hoy oremos por los hombres y las mujeres que dedican su vida en los monasterios a venerar a Dios y a orar por nosotros. La Trinidad divina es un misterio fundamental del Cristianismo con el que culminan los acontecimientos de la Pascua. Aunque se nos haga arduo de entender, nos muestra que el amor: el don de sí mismas para que los seres humanos tengamos vida eterna identifica a las tres divinas personas. Así lo ha proclamado el Evangelio que hemos escuchado (Jn 3, 16-18). Hoy más que nunca necesito hablar con Jesús de este misterio.

– Te esperaba con impaciencia -le he dicho nada más verlo-.

– Me parece que estás tan inquieto como Nicodemo, cuando aquella noche vino a hablar conmigo sin que se enteraran sus colegas del Sanedrín -se ha adelantado a decir antes de que le manifestase mi preocupación-.

– Así es -he ratificado-, pero no estoy inquieto por lo mismo que preocupó a Nicodemo: él era un hombre docto y honesto, que estaba seriamente interesado por tus obras y quiso saber más, aunque sin que sus colegas supieran que había ido a verte; era como los cristianos vergonzantes, que prefieren que la gente no sepan que están interesados por tu persona.

– Sin embargo, Nicodemo se significó en mi favor al menos en dos ocasiones -me ha recordado-. Cuando los sumos sacerdotes y los fariseos quisieron detenerme con la excusa de que yo pertenecía a aquella gente maldita que no conocía la Ley, Nicodemo dio la cara por mí diciéndoles: “¿Acaso nuestra Ley condena a un hombre sin haberle oído y sin saber lo que hace?”, lo que le valió una reprimenda de sus colegas. Y cuando José de Arimatea, otro de mis discípulos ocultos, pidió a Pilato autorización para retirar mi cuerpo de la cruz, Nicodemo acudió con una mezcla de cien libras de mirra y áloe para embalsamar mis restos antes de depositarlos en la sepultura. ¿No te parece que Nicodemo aún mantenía encendido el rescoldo de aquella conversación nocturna?

– Seguramente, sí -he reconocido-; por eso me gustaría saber de qué hablasteis aquella noche para que tus palabras hicieran mella en él.

– Pues hablamos de la Trinidad -me ha dicho mientras yo abría los ojos como platos-. El evangelista Juan ha recogido mis palabras: «Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Unigénito para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna». Pero antes yo le había advertido: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios»; y cuando me preguntó: «¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo?», yo reiteré: «El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios». Aquí tienes el misterio de la Trinidad en pocas palabras: aquí está el Padre, que me entrega a vosotros para que tengáis vida eterna; y el Espíritu, que os hace renacer para que seáis nuevas criaturas y podáis entrar en el Reino de Dios. Todo lo realiza el mismo y único Dios, que os ama tanto que os entrega lo que más quiere. ¿No crees que, paso a paso, el Espíritu hizo renacer a Nicodemo aunque ya era viejo?

– Supongo que el Espíritu le hizo saber que tú no habías venido para juzgar y condenar, sino para que cuantos creemos en ti nos salvemos -he dicho manifestándole con una sonrisa mi gratitud por desentrañarme el misterio de la Trinidad-.

 

Lectura del santo Evangelio según san Juan (3, 16-18)

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo:
Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.

Palabra del Señor

Este artículo se ha leído 293 veces.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Compartir
WhatsApp
Email
Facebook
X (Twitter)
LinkedIn

Noticias relacionadas