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Lo que los Zebedeos buscaban

Pedro Escartín
25 de julio de 2026

Un café con Jesús. Flash sobre el Evangelio del XVII Domingo del tiempo ordinario – A – (26/07/2026)

Ayer celebramos la fiesta del apóstol Santiago, que con su hermano Juan buscaba sentarse junto a Jesús en el Reino. Hoy, domingo, el Evangelio nos ha recordado la parábola del tesoro escondido y de la perla de gran valor (Mt 13, 44-52), y el párroco ha invitado a meditar ambas parábolas desde la óptica de lo que buscaba el patrón de España. Y puesto a meditar, lo primero que he pensado ha sido que, para los Zebedeos, el tesoro o la perla era conseguir lugar a derecha e izquierda de Jesús en el reino que él anunciaba (Mt 20, 20-28), un reino que lo veían con poderío humano. ¿No es así? -he preguntado a Jesús-.

– No vas desencaminado -me ha respondido, invitándome a degustar el café-.

– Bien es verdad que aquellos discípulos tuyos eran astutos y sabían poner en juego todo lo que estaba al alcance de su mano para conseguir lo que querían. Esta vez se presentaron con su madre, pensando que ella te convencería mejor que ellos. ¿No sé cómo elegiste a unos discípulos tan rastreros? -he comentado con la taza en mi mano-.

– Elegí lo que había: unos pescadores, un recaudador, un zelota independentista…

– … un traidor también -he añadido, tratando de tirarle de la lengua-.

– ¡Y también te he elegido a ti! Recuerda la parábola de la red que recoge toda clase de peces, todo lo que hay en el mar: peces buenos y malos. A nadie se le impide entrar en el reino de Dios; sólo los que se marginan a sí mismos porque no han descubierto que el Reino es un verdadero tesoro y vale la pena empeñar todo lo que uno tiene para alcanzarlo. Ayer celebrasteis la fiesta de Santiago y recordasteis que los Zebedeos empeñaron en la causa del Reino todo lo que tenían, incluida su vida. En los Hechos de los Apóstoles (Hch 12, 1-3) se cuenta que Herodes echó mano de algunos de la Iglesia para maltratarlos e hizo morir por la espada a Santiago, el hermano de Juan, y viendo que esto agradaba a los judíos prendió también a Pedro (Hch 12, 1-3)… El número de mártires y los relatos de su testimonio se ha multiplicado desde entonces, y es notable que ese testimonio lo han ofrecido llenos de alegría, con tanta alegría como el mercader de la parábola cuando descubrió aquella fina perla.

– ¿Qué quieres decirme recordándome esto?

– Pues, algo tan diáfano como que los dos hermanos que buscaban ser los primeros dieron con un tesoro o, si lo prefieres, con una perla fina por la que se jugaron la vida. Se habían dado cuenta de cuán valioso es el Reino. ¿Tú has descubierto el valor excepcional del Reino?

– En ello estoy todavía, y créeme, si te digo que lo intento.

– Pues sigue intentándolo -me ha dicho amablemente- y serás como el padre del que hablo al final de estas parábolas: sabrás sacar del arca lo viejo y lo nuevo.

– ¿Qué quieres decir con que lo viejo y lo nuevo está del arca?

– Lo viejo son las enseñanzas del Antiguo Testamento y lo nuevo soy yo y he venido a darles pleno cumplimiento.

– ¡Sabroso café el de hoy! Lo seguiré paladeando…

 

Lectura del santo Evangelio según san Mateo (13, 44-52).

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.

El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra.

El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles y separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

¿Habéis entendido todo esto? Ellos le responden: “Sí”. Él les dijo: “Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».

Palabra del Señor.

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