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Jornada Pro Orántibus: «Encerradas en el cuerpo, pero libres en el espíritu»

David López
29 de mayo de 2026

Al celebrarse en la solemnidad de la Santísima Trinidad, la Jornada Pro Orantibus nos recuerda que el corazón de la vida cristiana no está en hacer muchas cosas, sino en vivir en comunión con Dios. Las comunidades contemplativas son un reflejo de ese misterio de amor que une al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: mujeres y hombres que, desde el silencio y la oración, sostienen a la Iglesia y al mundo con una existencia entregada por completo a Dios. En Caspe, las Clarisas Capuchinas encarnan desde hace más de tres siglos esta vocación discreta y fecunda, recordándonos que la pregunta más importante no es qué hacemos, sino por quién vivimos.

En Caspe, las Clarisas Capuchinas llevan más de tres siglos respondiendo a esa pregunta desde el silencio del monasterio «La Venida de la Virgen del Pilar». Allí viven hoy diez hermanas, cinco de ellas llegadas desde México, que mantienen viva una forma de vida aparentemente escondida, pero profundamente conectada con las heridas, búsquedas y esperanzas del mundo actual.

Clarisas Capuchinas de Caspe

«Respiramos libertad»

La hermana Angélica María Valero lleva 34 años de clausura. Habla con serenidad, pero también con una sorprendente lucidez sobre el tiempo presente. «La gente se pregunta cómo somos capaces de vivir encerradas, sin embargo, respiramos libertad», explica. Y cita a santa Clara: «Encerradas en el cuerpo, pero libres en el espíritu».

Desde dentro del monasterio contemplan con preocupación otras formas de encierro mucho más invisibles. «Cuando salimos a la calle vemos con tristeza cómo muchos jóvenes viven encerrados en las pantallas. Se preguntan por nuestra salud mental por estar aquí, donde lo digital apenas existe, pero parece que es ahí fuera donde tienen una verdadera pandemia de salud mental».

Para ellas, la clave está en haber puesto a Cristo en el centro de la vida. «Cuando Cristo está en la raíz y en la meta de todo lo que haces, la perspectiva cambia», afirma sor Angélica. En este año en que la familia franciscana conmemora el VIII centenario de la muerte de san Francisco de Asís, la comunidad recuerda especialmente «la locura» del santo de dejarlo todo por Cristo. «Él se liberó de todo para encontrarse con Cristo. Y esa enseñanza es lo que nos guía».

Una vida sencilla y trabajadora

La contemplación no está reñida con el trabajo. Las hermanas sostienen su vida cotidiana con tareas sencillas y constantes: cocinan, limpian, cuidan de las enfermas, trabajan el huerto y elaboran formas para la Eucaristía. También realizan bordados y zurcidos, aunque reconocen que estos trabajos artesanales cada vez son menos frecuentes. A ello se suma la ayuda y cercanía de muchas personas de Caspe.

La comunidad ha acompañado a la ciudad durante más de 300 años, también en momentos especialmente difíciles, desde las invasiones napoleónicas hasta la Guerra Civil española.

El valor de una presencia silenciosa

En su mensaje para esta Jornada Pro Orantibus, los obispos españoles recuerdan que la vida contemplativa «proclama, con la entrega de la vida, que Dios es digno de ser buscado y amado por sí mismo». En un contexto cultural donde todo parece medirse por la utilidad inmediata, las comunidades contemplativas recuerdan que la existencia humana no se sostiene solo sobre lo que produce, sino sobre aquello que ama.

Las Clarisas Capuchinas de Caspe conocen también la fragilidad del relevo generacional. Hace 34 años que no entra una joven española en la comunidad. Aun así, sor Angélica anima a quienes sienten inquietud vocacional a no tener miedo y a buscar en Cristo la verdadera felicidad. «Cuando te unes a Cristo con esa intensidad, todo lo demás pasa a ser secundario».

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