NOS ESTÁN INVITANDO,
URGIENDO,
A LA GUERRA
CONTRA EL HAMBRE
Porque hay guerras justas y necesarias.
SÍ, LA DE “CONTRA DEL HAMBRE”
PERO SIN ARMAS.
SOLO UNA NECESITAMOS: AMOR.
UNA GUERRA QUE MULTIPLICA VIVOS,
NO CAMBIA VIVOS POR MUERTOS
¿Somos de los que apartamos la vista o cerramos los ojos ante el televisor cuando nos muestra el hambre?
¿De los que decimos: ¡pobrecitos!, y nos quedamos ahí?
¿O nos conformamos con uno, dos, cinco, diez céntimos (a lo más) en la ofrenda de la Eucaristía?
¿O de los que no se sienten afectados y, de alguna manera, responsables del hambre en el mundo?
Si nos sentimos responsables, -y lo somos, aunque haya otros más responsables y no lo aceptan porque siguen a lo suyo: acumular- haremos más de lo que hacemos.
Si los que más tienen, no se dan por aludidos… Es su gravísima responsabilidad y creadores de inequidad porque se reservan injustamente lo que Dios hizo para todos. Le roban a Dios.
Cada día que pasa, nos sentiremos más responsables y crecerá nuestra generosidad.
Y nos crecerá la alegría de compartir con los que tienen menos que nosotros, es decir, tienen más hambre y pobreza.
Por otra parte, como cristianos, no debemos olvidar que: “La tierra es mía, y vosotros sois emigrantes y huéspedes en mi tierra (Lev 25,23)
Y Dios quiere que TODOS, TODOS, TODOS puedan vivir disfrutando de la tierra que es suya. “La tierra es mía”
“No es un Dios de muertos, sino de vivos: porque para Dios todos están vivos” (Lc 20,38)
Cuando hacemos algo por los demás, aunque sea una pequeña limosna, estamos devolviendo a Dios lo que es Dios. Y El quiere que llegue para todos. Aun así, sobra.
Sin embargo, no llega para todos. Porque muchos roban lo de todos. Y así nos va.
Todo esto y más, nos recuerda la campaña de MANOS UNIDAS.
¡Bendita sea!
Y bendito sea el que da con alegría
“Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, y no de mala gana o a la fuerza, porque Dios ama al que da con alegría”. (2 Cor 9,.7)