La misión educativa en nuestro país presenta inmensos retos a toda la sociedad y también a la Iglesia. Para tomar conciencia de este gran reto, la Conferencia Episcopal propuso a toda la comunidad educativa en la que la Iglesia se encuentra presente, iniciar un proceso de encuentro, escucha mutua y participación. Este proceso comenzó el pasado mes de octubre cuando se convocaron diversos encuentros en torno a nueve grandes ámbitos educativos en los que la Iglesia está presente y ofrece su servicio al bien común. Estos ámbitos propuestos han sido los siguientes: colegios de ideario cristiano; profesorado de Religión; centros de educación especial; educación no formal; centros de Formación Profesional; universidades; profesorado cristiano; colegios mayores y residencias universitarias; y buenas prácticas de coordinación entre parroquia-familia-escuela. Con todo el material recogido en cada ámbito durante el proceso participativo que ha tenido lugar estos meses, se celebró el 24 de febrero pasado la sesión final del congreso «La Iglesia en la Educación: presencia y compromiso». 

Este proceso puesto en marcha en la Iglesia que peregrina en España intenta alentar la iniciativa del Pacto Educativo Global (2019), promovido por el papa Francisco, y  acoger los contenidos de la reciente Instrucción de la Congregación para la Educación Católica, “La identidad de la escuela católica para una cultura del diálogo” (2022). Ambos hitos son una invitación a tomar mayor conciencia de la presencia histórica de la Iglesia en el campo de la educación y de la escuela, como parte del cumplimiento de su misión propia, y de su significado para toda la sociedad.

El Papa Francisco envió un mensaje a los participantes del congreso en la que nos recordaba: “Lo propio de la educación católica en todos los ámbitos es la verdadera humanización, una humanización que brota de la fe y que genera cultura”. Humanización que requiere del esfuerzo y del compromiso de muchos: “Cómo olvidar la presencia y el compromiso de la Iglesia con la educación en vuestra tierra, de tantas personas y comunidades que han contribuido con su labor a la identidad cultural de vuestra sociedad, y que han enriquecido incluso el camino de la Iglesia universal”. Esta tarea tan importante, de la que somos también partícipes en nuestra diócesis de Zaragoza, se veía alentada por el Papa: “Los animo a que sigan reflexionando y caminando juntos, a que valoren su identidad y su fe. La educación es una labor coral, que pide siempre colaboración y trabajo en red; no se queden nunca solos, eviten la autorreferencialidad. La educación no es posible sin apostar por la libertad abriendo paso a la amistad social y a la cultura del encuentro”.

De nuestra diócesis participamos más de cincuenta educadores. Estoy seguro que las reflexiones compartidas en este interesante proceso van a enriquecer nuestras tareas y van a ayudar los educadores y a los centros educativos a seguir mejorando en su misión educativa.  Ciertamente ha sido un Congreso para la esperanza.