En la fiesta de San José de 2018, el papa Francisco nos sorprendió con la Exhortación Apostólica ‘Gaudete et exsultate’, sobre la llamada a la santidad en el mundo actual. El arranque del texto lo expresa con una gran fuerza: “El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados. Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada.” (GEE 1) 

A mi modesto entender la propuesta de Francisco en esta exhortación encaja dentro de la lógica que él ha ido presentando a lo largo de su magisterio. Como nos proponía en su Carta de Convocatoria al Jubileo de la Misericordia (cfr. ‘Misericordiae Vultus’) todos estamos llamados a ser portadores de la misericordia de Dios para los demás. Para poder conseguirlo debemos primero acercarnos nosotros al don de la misericordia de Dios y acogerlo de corazón. Es la lógica de la parábola del hijo pródigo (cfr. Lc 15, 11-32): Dios al darnos su misericordia no queda satisfecho con que nos conformemos con menos de lo que tenía planteado para nosotros, para cada uno de sus hijos en el Hijo. Al hijo pequeño de la parábola no le deja ser jornalero sin más. Para él había soñado la filiación, el ser hijo, y eso es lo que le exige en el momento de la reconciliación. También a nosotros nos exige esa mejor versión personal que se concreta en el seguimiento radical de Cristo como bautizados, para llevar una vida en plenitud ya ahora, conforme al plan que tiene para cada uno y para toda la humanidad. Es la llamada a la santidad que nos propone el Papa. Desde esa búsqueda de la vida plena, estaremos en disposición de proponer y dar vida a los demás, a semejanza de lo que Jesús ha hecho con nosotros. 

Creo que esta propuesta es fundamental a la hora de concretar nuestro proyecto pastoral para los próximos años y que pasa, ineludiblemente, por la conversión personal y pastoral. La reflexión del Papa nos mueve a esa conversión personal, a dinamizar nuestra vida de un modo nuevo: “Tú también necesitas concebir la totalidad de tu vida como una misión. (…). Pregúntale siempre al Espíritu qué espera Jesús de ti en cada momento de tu existencia y en cada opción que debas tomar, para discernir el lugar que eso ocupa en tu propia misión. Y permítele que forje en ti ese misterio personal que refleje a Jesucristo en el mundo de hoy.” (GEE 23). “Ojalá puedas reconocer cuál es esa palabra, ese mensaje de Jesús que Dios quiere decir al mundo con tu vida. Déjate transformar, déjate renovar por el Espíritu, para que eso sea posible, y así tu preciosa misión no se malogrará. (GEE 24).

Todo un reto esta exhortación del Papa. Acogerla en el corazón y en la vida es un primer paso inexcusable a la hora de plantearnos nuestro nuevo Plan Diocesano de Pastoral para los próximos años.