El santuario de Torreciudad celebró el 17 de septiembre la 30 Jornada Mariana de la Familia, que reunió a cerca de nueve mil peregrinos llegados de toda España. Todos ellos escucharon la petición del papa Francisco para que sus hogares sean «semilla de convivencia, participación y solidaridad». El mensaje del Santo Padre, leído por el rector de Torreciudad, Ángel Lasheras, invita a las familias a ser «el rostro acogedor de la Iglesia, que construyan familias de gran corazón que transmiten la fe y recomponen el tejido de la sociedad». Antes de finalizar el mensaje con su bendición apostólica, Francisco rogó a los presentes que «no le olviden en sus oraciones por su misión al frente de toda la Iglesia».

Más de 200 voluntarios velaron por el perfecto desarrollo de una jornada de aniversario, muy esperada tras dos años de restricciones por la pandemia. En esta ocasión, el obispo de Vitoria, mons. Juan Carlos Elizalde, presidió la eucaristía en la explanada del santuario. Durante la celebración cantaron los coros de los colegios Tajamar (Vallecas, Madrid) y Alborada (Alcalá de Henares).

Además, las familias rezaron por el final de la guerra en Ucrania y se unieron en un emocionante aplauso a un grupo de 30 refugiados ucranianos llegados desde Selva del Camp (Tarragona) y acogidos por la ONG Coopera Acción Familiar y por SOS Ucrania.

Valorar lo pequeño y frágil
En su homilía el obispo de Vitoria animó a cada asistente a considerar ante el comienzo del curso escolar, «el proyecto familiar», a «rescatar la promesa de felicidad que Dios te hizo en tu familia y que te ayuda ante conflictos, enfermedades, deudas, separaciones, ausencias y difuntos».

Monseñor Elizalde destacó ante los padres que «la vida es grande por las personas que acompañamos, es un tesoro por las personas que crecen junto a vosotros». Pidió valorar «lo pequeño y lo frágil, donde nos jugamos la madurez de la familia en una sociedad que suele optar por la cultura del descarte».

Por último, animó a evitar discusiones, culpabilizar o sacar trapos sucios: «nos envenenamos -dijo- cuando buscamos culpables». Y pidió preguntarse: «¿dónde tengo que ayudar, quién me necesita, qué me están pidiendo a gritos, cuál va a ser mi aportación este curso?».