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El CRETA pone en marcha un Diploma online en agentes de Pastoral Familiar

Rocío Álvarez
17 de febrero de 2026

El Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragon (CRETA) acogió ayer 16 de febrero la presentación del nuevo Diploma en agentes de pastoral familiar que ya está disponible en su plataforma online. Se trata de una formación, impulsada por la delegación de Familia y Vida de la Archidiócesis de Zaragoza y dirigida a todo el público hispanohablante, que ofrece contenidos teóricos y prácticos para acompañar a novios y familias ante los desafíos actuales. 

El diploma consta de cinco módulos: La vocación al amor; Fundamento, cultura y espiritualidad de la familia; Teología del matrimonio y la familia; Conyugalidad, parentalidad y ciclo vital de la familia; y Pastoral familiar integral.

Su contenido, coordinado por los sacerdotes Daniel Granada y Carlos García Lasheras y las laicas, Yolanda Latre y Jasnagora de Benito, bebe de los distintos másteres sobre pastoral familiar de España e incluye, además, un contenido práctico para aplicar en la pastoral familiar y acompañamiento a parejas y familias.

En la presentación del contenido del diploma, Yolanda señaló que uno de los propósitos del diploma es «ayudar a descubrir el sacramento del matrimonio y acompañar a las parejas sin abrumar». Recordó los cuatro puntos en los que se sustenta el plan de estudios: antropología, teología, vida de familia y pastoral familiar, subrayando que cada módulo prepara para el siguiente.

El consiliario de la delegación, Sergio Pérez, matizó que es posible apuntarse aunque haya empezado el curso, cuya duración abarcará dos años y medio, ya que la previsión es que se irá impartiendo de manera cíclica.

Don Carlos sobre la pastoral familiar: «La familias son las protagonistas de la evangelización a las familias»

Don Carlos Escribano, arzobispo de Zaragoza y presidente de la Comisión episcopal de Laicos, Familia y Vida, con una larga trayectoria en el ámbito de la pastoral familiar a sus espaldas, tomó la palabra al final del acto de presentación tejiendo un recorrido por las aportaciones pontificias a la Pastoral Familiar desde san Juan Pablo II.

En primer lugar, don Carlos habló de la necesidad de la formación como una prioridad pastoral, ya que nos ayuda a afrontar los retos propios de nuestro tiempo. «San Juan Pablo II, el Papa de la familia,», recordó Escribano, «inició ese camino, que siguieron Benedicto XVI y Francisco».

Comenzó con san Juan Pablo II y su Familiaris consortio, después del Sínodo de la Familia (1981), que sentó la bases sobre quién debe ser agente de pastoral y cómo debe prepararse: «La realidad de la familia y la sociedad es compleja y por eso es necesario formarse. No basta con la buena voluntad, es necesaria, pero no basta. La formación ha de ser  sólida, constante y profunda, con un enfoque tanto humano como teológico, abarcando las ciencias humanas y las sagradas».

Otro elemento que remarcó de san Juan Pablo II, es la necesidad de apoyarse en los agentes naturales de esta pastoral: la familia, por el carisma propio recibido en el sacramento del matrimonio. Un carisma que los cónyuges han de complementar con una buena formación doctrinal «para ser verdaderos maestros de otros en el camino del amor» .

Sobre Benedicto XVI resaltó su deseo de  que la formación ayudara a los agentes a hacer el anuncio del evangelio en una situación de emergencia educativa. Benedicto hizo un llamamiento a los padres, animándolos a recuperar su rol educador par ayudarles a transmitir la fe. El agente de pastoral debe ser un pedagogo de la libertad y del amor. La formación debe hacer capaces de mostrar la belleza del sí definitivo. El matrimonio debe mostrarse como una repuesta al deseo de infinito que hay en la persona humana.  También Benedicto XVI reivindicó la necesaria unión de la teología y la pastoral. Él decía que el servicio pastoral la familia requiere de las razones que nos da la inteligencia de la fe .

En cuanto las enseñanzas de Francisco, Escribano señaló cómo el Santo Padre puso de relieve los procesos de acompañamiento (Evangelii gaudium) para los que es necesario formarse y así poder acompañar en un plano personal, conyugal y, dado el caso, familiar. Previo a ese acompañamiento, es preciso saber discernir ante qué situación se está para saber acompañar.

Otro aspecto clave que Francisco aportó en la Pastoral Familiar fue el primer anuncio, comunicar el misterio de salvación para la humanidad. «Tal y como revelan las estadísticas», destacó el Arzobispo, «cada vez hay menos bodas religiosas». Por ello, se hacen imprescindibles tres claves: «el anuncio del amor Dios a cada familia incluso a pesar de las fragilidades, porque es allí donde se hace carne el amor de Dio; saber transmitir que el matrimonio es un camino de plenitud; y acompañar el deseo, salvando el miedo ante las distintas circunstancias que pueden revelarse como sombras de peligro: la paternidad, una posible ruptura…». Es preciso despertar ese deseo profundo de amar entregándose al otro, como don, y la familia cristiana ha de ser protagonista de ese anuncio. En ese camino, la formación se convierte en una armadura para el diálogo con el mundo, dando razón de nuestra esperanza.

Siguiendo con este recorrido, Escribano hizo alusión al Directorio de la pastoral familiar en España que desarrolló la Conferencia Episcopal Española en 2003, 22 años después de la Familaris consortio. Un directorio que recoge varias pautas de actuación, como la necesidad de brindar una preparación específica a los agentes de la pastoral familiar, incluyendo el conocimiento de la Doctrina de la Iglesia, sabiendo que no basta con la buena voluntad ni con la propia experiencia personal y familiar; la adaptación del lenguaje empleado haciendo mas sencillo y comprensible; el protagonismo de las familias en la evangelización a las familias,  pues estas poseen una gracia propia para hablar sobre el matrimonio y la familia.

Las áreas de formación que propone este directorio son las que incluye este Diploma en agentes de pastoral familiar del CRETA, con el propósito de capacitarlos en humanidad, ofreciendo su acompañamiento con caridad y misericordia; convertirlos en testigos de la fe, conociendo el pensamiento de la Iglesia y a Dios; y por último, ser auténticos pedagogos en la enseñanza del amor.

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