Un café con Jesús. Flash sobre el Evangelio del I Domingo de Cuaresma – B – (18/02/2024)

Cuando arrestaron al Bautista, Jesús se marchó a Galilea a proclamar una noticia buena y esperada, tal como nos informa Marcos en el evangelio de este primer domingo de Cuaresma (Mc 1, 12-15). Me ha llamado la atención que se marchara a Galilea, una región insignificante, en vez de ir a Judea, donde estaba la capital, Jerusalén, y era lugar más influyente. Y que allí, en Galilea, proclamase: «Se ha cumplido el plazo». ¿Qué plazo era ese? He manifestado a Jesús mis cuitas y él ha cogido su taza de café y sonriendo me ha dicho:

– ¿Cuándo dejarás de pensar como si fueras un descreído? ¿Tú dónde hubieras empezado a anunciar la “buena noticia”?

– Pues en Jerusalén -he replicado sin pensarlo dos veces-. Allí estaban los círculos cultos y prestigiosos del pueblo judío: los doctores de la Ley, los sacerdotes del Templo, la respetada secta de los fariseos, los herodianos…, los que cortaban el bacalao, en una palabra. Si se lograba que esta gente se tomase en serio el anuncio, la partida estaba ganada…

– No te equivoques, amigo -me ha dicho mirándome a los ojos-. Yo no vine a este mundo a jugar partida alguna, sino a convertir vuestros corazones, y esto no se logra con propaganda y clientelismo. Sólo la verdad y el Espíritu Santo convierten los corazones.

– Pero no está de más que la gente influyente eche una mano -he insistido, reacio a renunciar a mis convicciones-.

– No son esos los caminos que el Padre prefiere; de lo contrario, mi madre no me hubiera traído al mundo en un establo, ni mis padres hubieran huido conmigo a refugiarse en Egipto cuando Herodes temió que un niño pobre pudiera arrebatarle el reino, ni yo hubiera pasado la mayor parte de mi vida en Nazaret, un pueblo del que era voz común que de él no podía salir nada bueno, ni hubiera escogido como compañeros a unos pescadores rudos e incultos, ni…

– No sigas -le he atajado-. Ya sé por qué tu apóstol Pablo escribió a unos pobres estibadores del puerto de Corinto que se habían hecho cristianos: «Mirad quiénes habéis sido llamados. No hay muchos sabios entre vosotros, ni muchos poderosos ni muchos de la nobleza. Ha escogido Dios más bien lo necio del mundo para confundir a los sabios. Y ha escogido lo débil de mundo, para confundir lo fuerte». Pero ¡me cuesta tanto aceptarlo!

– Pues es preciso que trates de aceptarlo. Mi Vicario Francisco os pregunta en su mensaje para esta Cuaresma: «¿Deseo un mundo nuevo? El testimonio de muchos hermanos que trabajan por la paz y la justicia me convence cada vez más de que lo que hay que denunciar es el déficit de esperanza. Se parece a la añoranza por la esclavitud que paralizó a Israel en el desierto, impidiéndole avanzar. El éxodo puede interrumpirse. De otro modo no se explicaría que una humanidad que ha alcanzado niveles de desarrollo capaces de garantizar la dignidad de todos, camine en la oscuridad de las desigualdades y los conflictos». ¡Seguís añorando el apoyo de los poderosos y éstos sólo se apoyan a sí mismos!

– ¿También anunciaste por esto que se había cumplido el plazo?

– ¿Por qué, si no? -me ha dicho con rotundidad-. El Padre está decidido a reinar en vuestro mundo; su soberanía como padre compasivo y salvador es un rayo de esperanza, si permitís que solo Él sea Dios, rompiendo vuestra cerrazón y usando la tierra como el don que es para todos… ¡Aceptadlo antes de que sea tarde y el desmoronamiento del planeta sea irreversible!

– Francisco también viene advirtiendo de esto -he reconocido avergonzado-.

– Pues no le hagas oídos sordos -me ha dicho con dulzura-.