Queridos diocesanos:

Gracia y paz a vosotros de parte de Dios, nuestro Padre y del Señor Jesucristo (1 Cor 1, 3). Con estas palabras del Apóstol San Pablo os saludo como vuestro Administrador Apostólico de Huesca y de Jaca.

Expreso mis sentimientos de profunda gratitud al Papa Francisco, por la confianza que ha depositado en mi humilde persona al nombrarme Administrador Apostólico, durante el tiempo en que las dos Diócesis permanezcan en Sede Vacante, en la espera de un nuevo Obispo propio. Manifiesto al Santo Padre mis sentimientos de fraterna adhesión y fidelidad, a la vez que le ofrezco mi oración. Asimismo agradezco al Sr. Cardenal Prefecto del Dicasterio para los Obispos y al Sr. Nuncio Apostólico la comunicación oficial de la noticia, que se hace pública en el día de hoy.

El nombramiento me ha producido sorpresa. Me encuentro en situación de Arzobispo emérito de Zaragoza, dedicado a una oración sosegada, al retiro silencioso y a tareas de menor responsabilidad. Consciente de mis limitaciones y de las cargas del oficio episcopal, apoyado en la gracia del Señor, he aceptado este nuevo servicio con espíritu de obediencia apostólica y disponibilidad pastoral, siguiendo el consejo de “nada pedir y nada rehusar”, y haciendo mías las palabras de la Virgen María: aquí estoy; hágase; y se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador.

Voy a vosotros en el nombre del Señor, fiado en su Palabra, y con el empeño de seguir anunciando la alegría del Evangelio. Quiero ser una imagen viva de Cristo, el Buen Pastor, que da la vida por las ovejas, fiel a mi lema episcopal amoris officium, porque ‘oficio de amor’ es pastorear la grey del Señor (San Agustín).

Agradezco a mi hermano Mons. Don Julián Ruiz Martorell, vuestro anterior Obispo, la labor realizada con celo apostólico, con entrega generosa y con sacrificio callado, durante doce años y nueve meses en las dos Diócesis unidas in persona episcopi. Le deseo un pastoreo feliz en la Diócesis de Sigüenza – Guadalajara.

Espero colaborar con afecto colegial y espíritu sinodal con mis hermanos obispos de las provincias eclesiásticas de Zaragoza y de Pamplona en los proyectos pastorales comunes.

Al iniciar mi ministerio de Administrador Apostólico os saludo cordial y fraternalmente a todos los diocesanos: a los sacerdotes, principales e insustituibles colaboradores del orden episcopal; a los miembros de vida consagrada, hombres y mujeres, que sois don y profecía para la Iglesia y la sociedad; a los fieles laicos, cuya vocación específica está en el corazón del mundo y en las tareas temporales para ordenarlas según Dios; a los niños, a los adolescentes, a los jóvenes, a las familias, a los inmigrantes, a los pobres y personas vulnerables.

Saludo a los cristianos de otras Iglesias y comunidades eclesiales, y a los miembros de las religiones no cristianas; también deseo manifestar mi cercanía a los que por diversas circunstancias se sienten alejados de Cristo y de su Iglesia.

Saludo con respeto y deferencia a las autoridades regionales y locales, a las instituciones políticas, judiciales, académicas y militares. La Iglesia valora y reconoce la nobleza y dignidad moral del compromiso social y político para la consecución del bien común de la sociedad. Extiendo mi saludo a los Medios de Comunicación, que son instrumento de información y formación de los ciudadanos.

El periodo de Sede Vacante no debe ser un tiempo de inmovilismo pastoral ni de paro encubierto, porque el Espíritu Santo sigue guiando a su Iglesia, que en este momento histórico de cambio de época es una Iglesia Sinodal: comunión, participación y misión. En esta Iglesia con rostro sinodal, todos somos a la vez discípulos misioneros, llamados a tejer lazos y a construir comunidad, como nos pide el Informe de Síntesis del Sínodo de los Obispos. Por otra parte, la vida eclesial sigue y debemos realizar los Planes Pastorales Diocesanos en marcha.

Junto con mi saludo y mensaje, mi petición: os ruego que pidáis especialmente al Señor por las vocaciones al sacerdocio, a la vida consagrada y a los ministerios laicales. Asimismo os pido que os acordéis de mí en la plegaria eucarística y que elevéis también vuestra oración para que el Señor suscite pronto un nuevo Pastor según su corazón para nuestras Diócesis.

Os deseo a todos un feliz y santo Año Nuevo 2024, lleno de la gracia y de la paz del Señor.

Me pongo ya desde ahora bajo la protección maternal de la Virgen María tan querida y venerada en nuestra tierra con muchos títulos, especialmente en la secular advocación de Pilar, y bajo la intercesión de san Lorenzo y de santa Orosia, patronos de las Diócesis de Huesca y de Jaca.

Con mi afecto, oración y bendición,

Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo emérito de Zaragoza
Administrador Apostólico de Huesca y de Jaca