Dos palabras resuenan especialmente dentro de mí en estas Navidades, paz y familia. Cuando nació Jesús, el mensaje de los ángeles a los pastores era «gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad». En la tierra de Jesús sigue siendo necesaria la paz, y en Europa y en otros países. Por desgracia, siguen dirimiéndose con violencia las diferencias entre las personas . No solo necesitan paz los lugares de guerra; también hay dificultades, hay peleas y enfrentamientos entre vecinos, entre compañeros, entre amigos, en la familia y hasta entre uno mismo. Necesitamos cada vez más tener un corazón manso y humilde, sencillo, que sepa perdonar. Y esto es, precisamente, lo que nos trae el nacimiento de Jesús, la Navidad.

Jesús vino a los hombres para llenar también nuestro corazón de amor, para sentir que somos hijos de Dios, que nos quiere y, por tanto, para entendernos como hermanos. Deseo de verdad que estas Navidades nuestro corazón se llene de ese amor, que haya paz dentro de nosotros, para que así llegue a todo el mundo.

Gracias a Dios, la Navidad sigue siendo un momento de familia para reunirnos, un momento de encuentro. Que se conserve así, que nos ayude a fortalecer nuestros lazos de unión, de amistad, de cariño, a superar diferencias.

Deseo para todas las familias que la Sagrada Familia de Belén, María, Jesús, el niño, sea referente. Y ojalá estas Navidades también se llenen los corazones de todas nuestras familias, nos queramos más y así llenemos este mundo nuestro tan necesitado de esa paz, de esa solidaridad, de esa amistad, de ese amor.

Feliz Navidad para todos.