María Isabel: “Sería importante que antes de la confirmación se conociera la variedad de vida consagrada”

¿Qué es la vocación? Es la llamada del Señor. ¿Y después? Cada historia es única, porque cada persona es irrepetible. Por eso, a través del testimonio, podemos retratar tantas veces misterios insondables que de otra manera sería menester imposible. Precisamente a través de la historia particular de la llamada de un alma, María Isabel, carmelita descalza del monasterio de San José de Zaragoza (Avenida Cataluña, 161), queremos conocer mejor el amor de Dios aprovechando el marco de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.

La comunidad de las carmelitas descalzas del monasterio de San José de Zaragoza.

¿María Isabel, cuándo surgió tu vocación? Recuerdo dos momentos claves en mi vida: el primero fue cuando tenía 18 años, un día arreglando la casa me fijé en un crucifijo, -nunca me había llamado la atención-, y sentí en mi corazón que me decía: “¿quieres ayudarme?”; me paré instantáneamente comprendí que en ese momento me estaba jugando la vida y en mi imaginación se me representaron dos caminos, el uno atractivo para cualquier joven: formar un hogar, comodidades etc. y otro de seguimiento de Cristo con las renuncias y dificultades que se me representaban.

¿Y qué hicieste? Medité unos instantes y me dije: “¿Dentro de 50 años que me habrá quedado de las alegrías y penas de esta vida?”. “¿Y si por seguir a Cristo más de cerca puedo contribuir a que alguien más se acerque a él, aunque solo sea una persona?”. Y me dije: “¡Vale la pena!, todo lo demás se pasa”. Le respondí a Jesús que sí, y decidí ser religiosa.

Hablas de un segundo momento. El segundo momento fue poco después: recuerdo que estaba leyendo el periódico sentada en una escalerilla que daba a un jardín, creo que era Semana Santa, ya que en la portada había un grabado de Jesús en Betania; Marta servía y María estaba a sus pies escuchándole. Algo me impresionó en la actitud de María y me dije “¡Qué hermoso debe de ser enamorarse de Cristo, si tan hermoso es enamorarse de un hombre…!” y me propuse emplear la vida en conseguirlo. Mi vocación estaba decidida: “seré monja y de vida contemplativa”.

¿Cómo fue tu decisión? Entonces pensaba que el amor era cosa de esfuerzo personal, de voluntad. Más adelante he comprendido que el amor, como todo don perfecto viene de arriba, y que lo verdaderamente necesario e importante es ser pobre de espíritu, limpio de corazón y confiar en el Señor.

¿Cómo fueron los comienzos? Si es posible conciliar estos dos contrastes, respondería que fueron felices y difíciles.

¿Qué te atrajo del estilo de vida carmelita? La sencillez, la alegría, la verdad, el trato amistoso con Dios, la vida fraterna. Todo esto constituye el estilo teresiano.

¿Cómo es el día a día de una carmelita descalza? Resumiendo: oración litúrgica comunitaria, es decir. laudes, horas intermedias, vísperas, oficio de lecturas y completas. Oración personal a solas. Espacios de vida fraterna, tiempos de trabajo etc. Es decir: una vida normal de trabajo y convivencia, centrada en la oración.

¿Van surgiendo nuevas vocaciones? Despacito. Aunque nosotras no nos podemos quejar.

¿Qué se puede hacer para que crezca el número de almas llamadas? Lo primero ayudar al Señor para hacer llegar la llamada, como hicieron los primeros discípulos. Creo que sería importante incluir en los procesos catequéticos especialmente antes de la confirmación el conocimiento de las diferentes formas de vida consagrada, enviando a los alumnos a los diferentes lugares: monasterios, seminario, hospitales, colegios, para que presentaran un trabajo sobre sus impresiones. Como dice san Juan: “¿…Maestro dónde vives…? Venid y veréis”. Es imposible amar lo que no se conoce.