Luz en medio del Covid (III): La familia de Carlota

Nuestra tercera parada en esta búsqueda de testimonios luminosos en medio del COVID-19 es la familia de Carlota. Ella y su marido Jaime tienen cinco hijos y están a punto de dar a luz al sexto. El mayor de sus hijos tiene 9 años y el pequeño todavía no ha cumplido los 2. Fernando, el segundo, tiene diagnosticado un autismo moderado. Con un grado de dependencia 3, tienen que acompañarle en todo momento puesto que no es un niño autónomo. Y en medio de esta situación tan extraordinaria, Dios se hace presente y los empapa de su luz y esperanza. Así nos lo ha contado Carlota.

Nosotros en el momento en que veíamos venir que cerraban los coles y todas las medidas de confinamiento, nos entró un poco el pánico. Nos agobiamos sobre todo porque Fernando aguanta muy poco tiempo en casa… Él necesita muchas salidas, mucha terapia. Además, veníamos de unas meses muy complicados de gestionarlo. 

Mi sensación es que antes de todo este lío del confinamiento, iban pasando los días y se te olvida que tienes una vida familiar. Todo lo absorben los hijos, los colegios, las entradas y salidas, las terapias… Te das cuenta que estás pasando por la vida dejado de la mano de Dios, sin confiar, porque en el fondo teníamos miedo al futuro.

En el momento en que se estableció el estado de alarma, nos dimos cuenta Jaime y yo de que la única manera de estar con los 5 niños en casa era abandonarnos en las manos de Dios, pero confiando como nunca hemos confiado en él. Ponernos a su disposición y repetirle muchas veces que se haga su voluntad. Si no, es imposible llevarlo bien, estar felices, sonriendo, sin estar todo el día en pleno conflicto con tu marido, tu mujer o los niños.

Nosotros también le pedimos a Dios que ayudara a Fernando a llevar esto. Nuestras herramientas son escasas. En una familia la mejor herramienta es la oración y nuestra mejor oración es estar con los niños. Nos ponemos a rezar el rosario y duramos 5 segundos, pero tenemos muy claro que somos de Dios y que es él el que nos va a dar toda esa fuerza que necesitamos para llevar esto bien.

La verdad es que los primeros días fueron duros, pero a partir del tercer día vimos un cambio radical, una estabilidad bestial, una confianza en nosotros que nunca habíamos tenido. Fernando estaba transformado, muy gestionable y aguantando muy bien para lo que veníamos pasando. Esto nos hace valorar muchísimo más esto que estamos viviendo. Vemos el confinamiento como una oportunidad para seguir conociéndonos como familia, que se nos había olvidado, para seguir haciendo familia que también se nos había olvidado, para aprender el abandono de verdad y la confianza en el Señor, que estaba lejos en nuestras vidas.

Esta situación a nosotros nos está ayudando muchísimo para pensar en los demás. Más allá de nuestra familia, queremos apoyar a esos amigos que tienes un poco olvidados, y sobre todo intentamos hacer algo por los demás: traer una barra de pan a algún vecino, una llamada de teléfono para ver como esta otra persona y acordarnos muchísimo de ellos.

A mí personalmente esta situación me ha dejado muy tocada, a Jaime también y cómo estamos viviendo con Fernando estas tres últimas semanas nos está demostrando que estábamos pasando por la vida no poniendo el foco en lo verdaderamente importante. Si Dios nos ha dado un regalo como este, es porque podemos y él nos dará esas herramientas para poder afrontar esta situación. Fernando nos está dando un lección increíble y el Señor nos esta ayudando muchísimo. 

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Ignacio Pilar Gloria