Lectio Divina: 30 de mayo de 2024

Tu fe te ha salvado

1.-Introducción.

Este ciego de nacimiento, ciertamente estaba ciego, pero no sordo. Oyó que pasaba Jesús y se puso a gritar. Y muchos lo reprendían. Si a los pobres y afligidos les quitas el derecho a gritar, ¿qué les queda? Los pobres gritan, huelen mal, extorsionan nuestros planes, no nos interesan. Pero a Jesús sí que le interesan, son sus favoritos, sus preferidos. Por eso le atiende y le cura.  

2.-Evangelio de san Marcos 10, 46-52

En aquel tiempo, mientras Jesús salía de Jericó acompañado de sus discípulos y de mucha gente, un ciego llamado Bartimeo, se hallaba sentado al borde del camino. Al oír que el que pasaba era Jesús Nazareno, comenzó a gritar: ¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí! Muchos lo reprendían para que se callara. Pero él seguía gritando todavía más fuerte: ¡Hijo de David, ten compasión de mí! Jesús se detuvo entonces y dijo: Llámenlo. Y llamaron al ciego, diciéndole: ¡Animo! Levántate, porque él te llama. El ciego tiró su manto; de un salto se puso en pie y se acercó a Jesús. Entonces le dijo Jesús: ¿Qué quieres que haga por ti? El ciego le contestó: Maestro, que pueda ver. Jesús le dijo: Vete; tu fe te ha salvado. Al momento recobró la vista y comenzó a seguirlo por el camino.

3.- Qué dice el texto.

Reflexión.

Hay autores que ponen a este ciego como modelo de vida cristiana. Nos detenemos en tres verbos: “tira el manto”, “salta hasta Jesús” y “siguió a Jesús por su camino”. El tirar el manto es signo de desprendimiento. El manto es lo único que tiene, su único medio de trabajo: extiende el manto y espera las limosnas necesarias para vivir. El joven rico se ha quedado con su riqueza, pero sin Jesús. Ëste ha puesto a Jesús como la suprema riqueza de su vida. El salto es el gozo que siente al encontrarse con Jesús. El ser de Jesús, el ser cristiano es algo que se agradece y se celebra. ¿Doy gracias a Dios por el hecho de ser cristiano? ¿Vivo mi fe cristiana con gozo? Finalmente, siguió a Jesús por su camino. Ni siquiera fue a su familia a comunicar que Jesús le había curado de la ceguera. A ese Jesús que le ha abierto los ojos lo va a seguir a sol y a sombra. Todos sus días serán para Jesús. También sus noches. Esa va a ser, en adelante, su misión y su tarea. Él sabe que el camino de Jesús acabará en la Cruz. Pero también sabe fiarse de Jesús hasta el final, hasta la resurrección y la vida.

         Palabra del Papa.

En el evangelio de este domingo (Mc 10, 46-52) leemos que, mientras el Señor pasa por las calles de Jericó, un ciego de nombre Bartimeo se dirige a él gritando con fuerte voz: «Hijo de David, ten compasión de mí». Esta oración toca el corazón de Cristo, que se detiene, lo manda llamar y lo cura. El momento decisivo fue el encuentro personal, directo, entre el Señor y aquel hombre que sufría. Se encuentran uno frente al otro: Dios, con su deseo de curar, y el hombre, con su deseo de ser curado. Dos libertades, dos voluntades convergentes: «¿Qué quieres que te haga?», le pregunta el Señor. «Que vea», responde el ciego. «Vete, tu fe te ha curado». Con estas palabras se realiza el milagro. Alegría de Dios, alegría del hombre. (Benedicto XVI. Ángelus, Domingo 29 de octubre de 2006)


4.- ¿Qué me dice hoy a mí esta palabra sobre la que he reflexionado? (Silencio)

5.- Propósito. Hoy buscaré ver a Cristo en la persona que más me cuesta tratar y le brindaré una sonrisa, que venga del corazón.

6.- Hoy me ha hablado hoy a través de su Palabra. Ahora le hablo yo a Dios a través de mi oración.

Jesús, hoy Tú nuevamente pasas a mi lado, quieres curarme. Hoy me atrevo a gritarte: «Maestro, que vea». Déjame verte en mi vida diaria, en las dificultades y en las alegrías. Haz que yo “suelte también el manto”, es decir, sepa desprenderme de todo lo que me impide acercarme más a ti. Dame la gracia de “saltar a ti” con gozo, con alegría, con entusiasmo. Y, sobre todo, haz que te siga por el mismo camino que has ido tú.

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