El pasado Miércoles de Ceniza, una nutrida representación de la juventud diocesana se congregó en la céntrica parroquia de San Gil Abad para participar en la Eucaristía de inicio de la Cuaresma. La celebración se convirtió en un espacio de encuentro y reflexión sobre la autenticidad de la fe en el mundo actual.
Una llamada a la purificación y la acción Durante la homilía, el arzobispo de Zaragoza, Mons. Carlos Escribano, recordó a los presentes que la ceniza no es solo el residuo de lo quemado, sino un símbolo del fuego que purifica. En este sentido, invitó a los jóvenes a vivir estos 40 días bajo tres pilares fundamentales:
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El ayuno: entendido como la capacidad de alejarse de aquello que «anestesia» el espíritu.
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La oración: como herramienta para encender el fuego interior.
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La caridad: expresada en el servicio concreto al prójimo.
Música y oración El clima de recogimiento y oración se vio reforzado por la participación del grupo Hakuna Zaragoza, cuyas canciones acompañaron la liturgia facilitando la conexión de los asistentes con el sentido profundo del Miércoles de Ceniza.
Hacia una fe apasionada El encuentro concluyó con una invitación clara a toda la juventud: no conformarse con una «fe gris» o con la meta de ser simplemente «mejores personas» en un sentido vago. El horizonte de esta Cuaresma 2026 es el de una transformación profunda para imitar la libertad y la entrega de Cristo, viviendo una etapa de preparación espiritual marcada por la pasión y la entrega generosa a los demás.
