Lectio Divina: 26 de enero de 2024

“El grano brota y crece sin que él sepa cómo”

1.- Ambientación.

          Señor, dame la gracia de la humildad. Soy muy poca cosa. Algo así como  una pequeña semilla. No quiero presumir ni de un gran árbol, ni de  un pequeño arbusto. Soy una semilla pequeña, insignificante, pero con un gran poder interno que no es mío, sino que Tú mismo me lo has dado. Dame hoy la gracia de aceptarme como soy: pequeño como una semilla. Pero con muchas posibilidades si te dejo a ti ser lo que eres y yo ocupo el lugar que me  corresponde.

2.- Lectura reposada del evangelio. Marcos 4, 26-34 

También decía: «El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega». Decía también: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra». Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle; no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado. 

3.- Qué dice el texto bíblico.

Meditación-reflexión.

El reino de Dios irrumpe. Nos trasciende y nos desborda. Esa trascendencia creadora y buena de Dios es primordial para entender el evangelio. Ciertamente la semilla necesita buena tierra, pero hay alguien invisible que la cuida. “El grano brota y crece sin que él sepa cómo”. Ciertamente hay algo misterioso y que únicamente podremos  descubrir con una mirada “contemplativa.”

Decía Jesús: ¡Mirad cómo crecen los lirios en la primavera! No crecen porque esté ahí el agricultor “tirando de ellos”. Crecen con toda su belleza con la caricia del aire, con la caricia del sol, con la caricia del agua, con la caricia de Dios. Hay que dejarse hacer. El agricultor, después de haber hecho lo que debía, deja hacer (a Dios). Y cuando Dios mete sus manos divinas y amorosas, aunque sea en la tierra y el barro, sabe hacer cosas primorosas.

“Sin saber cómo”. Es la mejor explicación a tantos misterios de la vida. Lo decía muy bien la madre de los zebedeos: “Hijos míos, no sé cómo aparecisteis en mi seno”. Es lo que puede experimentar una mujer que sin saber nada de biología, en nueve meses y sin dejar su trabajo, realiza las más grandes maravillas: la maravilla del ojo, del oído, del corazón, del cerebro… “Sin saber cómo”. Todos sabemos que nos han pasado cosas que no hemos podido  explicar. Tal vez hemos luchado por liberarnos de ataduras internas que nos molestaban y no nos dejaban ser felices. De repente, un día nos sentimos libres. Nos hemos visto envueltos en dificultades grandes que nosotros no podíamos superar. Y “sin saber cómo” las hemos resuelto. De lo que cada uno de nosotros ha vivido en el interior del corazón, sólo Dios y nosotros lo sabemos.

Palabra del Papa

El evangelio de hoy está formado por dos parábolas muy breves: la de la semilla que germina y crece por sí, y la del grano de mostaza…Podemos tener confianza, porque la palabra de Dios es palabra creadora, destinada a volverse ‘el grano lleno en la espiga’. Esta parábola si es acogida, trae seguramente sus frutos, porque Dios mismo la hace germinar y madurar a través de caminos que no siempre podemos verificar y de una manera que no conocemos. Y de una manera que no sabemos.

Todo esto nos hace entender que es siempre Dios quien hace crecer su Reino. Por esto rezamos tanto, ‘Qué venga tu Reino’. Es él quien lo hace crecer, el hombre es su humilde colaborador, que contempla y se alegra de la acción creadora divina y espera con paciencia los frutos. La palabra de Dios hace crecer, da vida. Y aquí quiero recordarles la importancia de tener el Evangelio, la Biblia al alcance de mano. El Evangelio pequeño en la cartera, en el bolsillo, de nutrirnos cada día con esta palabra viva de Dios. Leer cada día un párrafo del Evangelio o un párrafo de la Biblia. Por favor no se olviden nunca de esto, porque esta es la fuerza que hace germinar en nosotros la vida del Reino de Dios”. (Homilía de S.S. Francisco, 14 de junio de 2015).

4.- Qué me dice esta palabra hoy a mí. (Guardo silencio)

5.- Propósito. Saldré hoy al campo y miraré la Naturaleza con una mirada contemplativa. Y, con esa misma mirada, contemplaré a las personas.


6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración. Señor, hoy quiero agradecerte tu presencia oculta y escondida, pero eficaz y misteriosa en la Naturaleza. Que sepa también descubrirte vivo y presente en mi corazón. Que mi oído interno sepa escuchar el latido de tu corazón cerca del mío. Y que, con la voz del salmista, te diga: “Te doy gracias, Señor, de todo corazón”  

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