Lectio Divina: 12 de febrero de 2011

«Effatá», que quiere decir: «¡Ábrete!»

1.-Introducción.

         Señor, hoy vengo a la oración para pedirte una cosa: que sepa escuchar. No te digo simplemente que oiga sino que escuche, que te oiga no sólo con el oído externo sino con el oído interior, con el oído del corazón. Si oigo con el oído del corazón, tus palabras quedarán dentro de mí, serán una buena semilla, darán su fruto  y me llevarán a la acción, a buscar lo que Tú quieres de mí.

2.- Lectura reposada de la Palabra. Marcos 7, 31-37

Se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. El, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: «Effatá», que quiere decir: «¡Abrete!» Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. Y se maravillaban sobremanera y decían «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

3.- Qué dice este texto bíblico.

Meditación-reflexión.

Un sordo es un ser que no puede escuchar.  Y un mudo es un ser que no puede expresarse.  Si la esencia del ser humano es el diálogo, la comunicación, el encuentro, la comunión con las personas, es normal que Jesús quiera devolver a ese hombre algo esencial que le corresponde por ser persona. Dios quiere que nos realicemos plenamente como hombres y mujeres en este mundo. Y le duele esta situación. No olvidemos que estamos en la era de la comunicación. Al hombre de hoy, cuando hace un viaje,  se le puede olvidar el cepillo de dientes o las llaves de casa, pero no se le olvidará el “móvil”. Pero debemos hacernos esta pregunta: en la era de la comunicación ¿estamos ahora más y mejor comunicados que antes? ¿Dialogamos más que antes? Podemos estar reunidos en familia en una mesa común y estar cada uno dando respuestas al último WhatsApp que nos han enviado. No estamos comunicados sino que somos esclavos de la comunicación. Y lo peor de todo es que el hombre actual está perdiendo la comunicación con Dios.  

Dice el evangelio que Jesús “dio un gemido”. Y debe entenderse  como una profunda participación suya en la miseria humana. Dice el texto: “Jesús todo lo ha hecho bien” yrecuerda el relato de la Creación (Gn. 1,31).  Cristo no se ha limitado a “no hacer el mal” sino “a hacer el bien”. Y uno que dedica su vida a hacer el bien se dedica a  luchar contra el sufrimiento, el dolor, la enfermedad y la muerte. Y en estos tiempos de la pandemia ha habido y hay muchas personas que no sólo se dedican a hacer el bien, sino que exponen y arriesgan  su vida por salvar a otros. Son los verdaderos imitadores de Jesús.

Palabra del Papa.

Pensemos en los muchos que Jesús ha querido encontrar, sobre todo, personas afectadas por la enfermedad y la discapacidad, para sanarles y devolverles su dignidad plena. Es muy importante que justo estas personas se conviertan en testigos de una nueva actitud, que podemos llamar cultura del encuentro […]

Aquí están las dos culturas opuestas. La cultura del encuentro y la cultura de la exclusión, la cultura del prejuicio, porque se perjudica y se excluye. La persona enferma y discapacitada, precisamente a partir de su fragilidad, de su límite, puede llegar a ser testigo del encuentro: el encuentro con Jesús, que abre a la vida y a la fe, y el encuentro con los demás, con la comunidad. En efecto, sólo quien reconoce la propia fragilidad, el propio límite puede construir relaciones fraternas y solidarias, en la Iglesia y en la sociedad. Y ahora miremos a la Virgen. En ella se dio el primer encuentro: el encuentro entre Dios y la humanidad. Pidamos a la Virgen que nos ayude a ir adelante en esta cultura del encuentro. Y nos dirigimos a Ella con el Ave María.» (Discurso de S.S. Francisco, 29 de marzo de 2014).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Silencio)

5.-Propósito: Voy a escuchar hoy con el oído del corazón.


6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración

Señor, te agradezco ese “grito interior” que sientes cuando nosotros sufrimos. Eres uno de los nuestros. Nunca te podremos echar en cara que no conoces el sufrimiento y el dolor. Lo has padecido en tu propia carne. Yo hoy quiero escuchar los gritos desgarradores de tantos inmigrantes que huyen de la guerra; de tantos niños explotados, de tantos enfermos del “corona-virus” que luchan para superar la enfermedad, y de tantos que han muerto en medio de una terrible soledad.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

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