Lectio Divina: 10 de enero de 2020

«Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy»

1.- Oración introductoria.

Señor, me impresionan estas palabras de tu evangelio: “El Espíritu del Señor me ha ungido”. Esta unción, que en el A.T. estaba reservada a los grandes personajes, la tienes tú, Jesús, de un modo especial. Eres “El ungido” del Señor. Por eso estás envuelto, penetrado, por el Espíritu Santo. En tu corazón sólo hay bondad, ternura, misericordia. Dame, Señor, en esta mañana, una parte de esa “unción” y así pase todo el día haciendo el bien.

2.- Lectura reposada del evangelio. Lucas 4, 14-22

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región. Él iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos. Vino a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor. Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en Él. Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy». Y todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?»

3.- Qué dice la Palabra de Dios.

Meditación-Reflexión

Jesús entra a rezar con el pueblo a la sinagoga de Nazaret. Y le entregan el volumen del profeta Isaías. Jesús hace una explicación del texto tan sorprendente, tan novedosa, que al final del discurso, lo quieren despeñar (Lc. 4, 29). ¿Por qué lo quieren despeñar? A) Porque ha hecho una lectura incompleta del texto. Isaías decía: “Año de gracia y día de venganza de Yavé”. Jesús ha hecho un corte en el texto y sólo ha hablado de “Año de gracia”. Nada de ira ni de venganza. Jesús es gracia, perdón, misericordia. Y ésta en la “gran noticia que nos da”. Si alguien interpreta estas palabras como un coladero para que el hombre aproveche esta oportunidad para pecar, no ha entendido nada. Pero si estas palabras se interpretan como el estallido del amor de Dios que nos alcanza y nos envuelve y, por consiguiente, nos empuja a obrar el bien, entonces entendemos que los cristianos ni estamos bajo la ira, ni siquiera bajo la ley. Estamos viviendo en la esfera del amor. B) Jesús, en este discurso, ha hablado de una viuda de Sarepta y de Naamán, el Sirio, es decir, de pueblos fuera del territorio de Israel. Y no se puede transigir que Jesús haga esta lectura a-patriótica, diciendo que nuestro Dios, Yavé, es también Dios de otros pueblos. Esto es intolerable. Y por eso también lo quieren despeñar. Jesús en este texto aparece como gozo para los pobres, libertad para los oprimidos, oferta de gracia y perdón para todos. ¿Es ésta nuestra tarjeta de visita para el mundo de hoy?

Palabra del Papa

Quizás alguno de ustedes se preguntará: ¿Qué es este Año jubilar que se celebra en la Iglesia? El texto bíblico del Levítico 25 nos ayuda a comprender lo que significa un “jubileo” para el pueblo de Israel: Cada cincuenta años los hebreos oían el son de la trompeta (jobel) que les convocaba (jobil) para celebrar un año santo, como tiempo de reconciliación (jobal) para todos. En este tiempo se debía recuperar una buena relación con Dios, con el prójimo y con lo creado, basada en la gratuidad. Por ello se promovía, entre otras cosas, la condonación de las deudas, una ayuda particular para quien se empobreció, la mejora de las relaciones entre las personas y la liberación de los esclavos. …Cuando la Iglesia convoca un jubileo en el nombre de Cristo, estamos todos invitados a vivir un extraordinario tiempo de gracia. La Iglesia misma está llamada a ofrecer abundantemente signos de la presencia y cercanía de Dios, a despertar en los corazones la capacidad de fijarse en lo esencial. En particular, este Año Santo de la Misericordia “es el tiempo para que la Iglesia redescubra el sentido de la misión que el Señor le ha confiado el día de Pascua: ser signo e instrumento de la misericordia del Padre” (S.S. Francisco, Mensaje del Santo Padre para la XXXI Jornada Mundial de la Juventud, septiembre de 2015).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto que acabo de meditar. (Silencio)

5.- Propósito. Hoy me comprometo a vivir “un día de gracia”. Me sentiré profundamente agradecido a Dios por todo lo que me da y le responderé ofreciéndome a ser “un bonito regalo” para todas las personas con quieres voy a convivir en este día.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias. Dios mío, por las luces que he recibido en este rato de oración. Gracias porque no me has querido atar con normas y leyes; ni amenazar con castigos. Tú vienes a nosotros derrochando amor, perdón, paz. Y nosotros, a esta maravillosa oferta que nos haces, queremos responder amando y sirviendo a nuestros hermanos, de una manera totalmente desinteresada.

PDF: 10 DE ENERO