Maldita sea la cruz/ que cargamos sin amor/ como una fatal herencia./ Maldita sea la cruz/ que echamos sobre/ los hombros de los hermanos pequeños./ Maldita sea la cruz/ que no quebramos a golpes/ de libertad solidaria,/ desnudos para la entrega,/ rebeldes contra la muerte. / Maldita sea la cruz/ que exhiben los opresores/ en las paredes del banco, / detrás del trono impasible,/ en el blasón de las armas,/ sobre el escote del lujo,/ ante los ojos del miedo./ Maldita sea la cruz/ que el poder hinca en el Pueblo,/ en nombre de Dios quizás./ Maldita sea la cruz/ que la Iglesia justifica/ – quizás en nombre de Cristo-/ cuando debiera abrasarla/ en llamas de profecía./

¡Maldita sea la cruz/ que no pueda ser La Cruz!

 

Con este poema de monseñor Pedro Casaldáliga, “Maldita sea la cruz”, cerró el obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, Ángel Pérez, la oración de Las Lágrimas de María, procesión particular con la que la Cofradía del Descendimiento saca a la calle su paso de La Piedad, portado mayoritariamente por mujeres. Su salida fue, además, la primera para el nuevo presidente de la cofradía, José Abad, que ha tomado el relevo con “ilusión y responsabilidad” a Sergio Bielsa. La Piedad es la expresión intensa de dolor de una Madre que llora no sólo la muerte del Hijo que sostiene entre sus brazos, inocente y santo, sino también la pérdida de su pueblo y el pecado de la humanidad. Sus lágrimas, afirmó ayer una de las cofrades en la Plaza Aragón, son lágrimas de dolor y de oración.

La Cofradía del Descendimiento se fundó en 1988 y recibió el paso del mismo nombre que había sido adquirido en el año 1948 por la asociación del Apostolado de la Oración. El conjunto escultórico de El Descendimiento, una obra del taller de artesanos de Olot, de 1948, es un paso de gran altura y dramatismo que solo sale a la calla en la procesión del Viernes Santo con las figuras de la Virgen María, María Magdalena y María la de Cleofás, junto a San Juan y Nicodemos, que bajan a Jesucristo de la cruz. La cofradía nació con personas pertenecientes, en su mayoría, al Barrio del Entremuro y con los que ya participaban portando el Paso. Su constitución marca el inicio del resurgir de las cofradías a finales del siglo XX. En el año 1996 formó su banda de tambores como consecuencia de la no participación de la banda militar debido al cierre del acuartelamiento de la ciudad.