La Diócesis de Tarazona celebra el 28 de abril, la festividad de San Prudencio, su patrón principal.

San Prudencio nació en Armentia (Álava). A los 15 años, abandona su casa paterna, deseando dedicar su vida a la oración y la soledad. Encuentra como maestro a San Saturio que en las orillas del Duero, cerca de la actual de Soria, vive una vida anacorética; con él convive durante siete años.

Marcha entonces a Calahorra donde se dedica a la predicación y donde realiza milagros, sobre todo curando enfermos. Su fama crece y decide trasladarse a Tarazona para llevar una vida más oculta y alejada de la fama.

En Tarazona vive como clérigo menor de la Catedral, pero su espiritualidad y testimonio de vida hacen que sea elegido sacristán y más tarde arcediano. A la muerte del obispo es elegido para ocupar la sede de Tarazona.

SANTIDAD RECONOCIDA
Su fama de santidad es reconocida en otras iglesias y por otros obispos y, por ello, es llamado a pacificar las discordias entre el obispo y el clero de Osma. Logrado este objetivo, antes de emprender el viaje de vuelta a Tarazona, enferma gravemente y tras recibir los sacramentos muere.

Se disputa sobre el lugar de su sepultura y, para solucionarlo, se recurre a una costumbre del momento, montar su cadáver en su cabalgadura y dejar que así la providencia decida. El lugar al que llega es una cueva cercana a Logroño, en Clavijo, en el monte Laturce donde es sepultado. Más tarde se construirá allí un monasterio que llevará su nombre.

El papa Clemente XIII en 1765 lo declara en un decreto patrón principal de la diócesis. Asimismo es el patrón de Álava. En Armentia, actualmente unida a Vitoria se levantó una basílica en su honor.