Juan Ramón Royo: «Los católicos actuales somos deudores del pasado recibido y estamos llamados a transmitirlo»

El Día Internacional de los Archivos se celebra desde 2008 recordando la creación el 9 de junio de 1948 del Consejo Internacional de Archivos bajo los auspicios de la UNESCO. Desde 2019 se amplió su actividad a toda una semana entorno a dicha fecha. En este marco, entrevistamos al archivero diocesano, Juan Ramón Royo, para que nos hable de la relevancia histórica, cultural y pastoral que implica este ámbito. Ademas, recordamos que con motivo de esta celebración, el Archivo diocesano de Zaragoza organiza dos visitas guiadas para todos los que estén interesados en conocer sus fondos e instalaciones. Estas tendrán lugar el viernes 7 de 10.30 a 12 h y de 12.30 a 14 h.

El equipo que trabaja actualmente en el Archivo diocesano de Zaragoza, de izquierda a derecha: Carmen, Juan, Juan Ramón y Ester.

El equipo que trabaja actualmente en el Archivo diocesano de Zaragoza, de izquierda a derecha: Carmen, Juan, Juan Ramón y Ester.

¿Qué tareas suele acometer un archivero diocesano?

Ante todo, guardar, custodiar y proteger los fondos existentes  para ponerlos al servicio de las diócesis y parroquias y, en segundo lugar, de los investigadores; inventariar aquellos que han sido depositados por otras entidades, fundamentalmente los libros sacramentales de alguna parroquias; atender las consultas presenciales o por correo electrónico, sobre todo desde hace dos años búsquedas genealógicas solicitadas por extranjeros (la mayoría cubanos y argentinos) que solicitan datos de sus antepasados para poder obtener la nacionalidad española en virtud de la Ley de Memoria Histórica, etc.

¿El archivo diocesano tiene también una función pastoral y evangelizadora?

Los católicos actuales no venimos de la nada, sino que somos deudores del pasado recibido y estamos llamados a trasmitirlo a las generaciones futuras. En 1997 la Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de la Iglesia publicó una carta circular titulada precisamente La función pastoral de los archivos eclesiásticos, donde se recalcó que son la memoria de la vida de la Iglesia y que reflejan el sentido de la Tradición; permiten recrear la historia en sus múltiples expresiones religiosas y sociales y son un bien cultural. Además, el código de Derecho canónico les dedica los cánones 486-491.

Como Iglesia, ¿qué podemos aprender de toda la historia que recoge un archivo?

San Pablo VI en 1963 recalcó que los archivos de la Iglesia “conservan  las huellas del transitus Domini (el paso del Señor) en la historia de los hombres”. Muchas veces estos acogen sus inspiraciones, pero otras no. Por eso, los archivos como memoria de la Iglesia, son fundamentales para valorar lo realizado en el pasado, sus resultados, omisiones y los errores. Periten conocer de dónde venimos y cómo hemos llegado hasta el presente, y tendrían que ayudarnos a plantarnos con serenidad y realismo el futuro, sin caer en espiritualismos adanistas que buscan romper con el pasado para construir un presente y alcanzar un futuro idealizados y, por lo tanto, falos y contraproducentes para la misión evangelizadora de la Iglesia.

¿Cómo se conservan los libros más antiguos?

Los libros más antiguos datan del siglo XIV y se guardan en armarios compactos, vigilando la temperatura y la humedad y con medias antincendios adecuadas para evitar los posibles daños.

¿Existen libros o documentos de acceso restringido?

El Código de Derecho Canónico establece que en todas las diócesis tiene que existir un archivo secreto, donde ha de conservarse “con suma cautela” aquellos documentos que han de conservarse como tales, pero no especifica cuales han de ser (canon 489.1). Hay que distinguir además los  archivos históricos de los administrativos o judiciales que albergan documentación intermedia o actual y también lo dispuesto por la Ley de Protección de Datos, por la propia naturaleza de muchos de los contenidos en los documentos conservados. Por eso no se permite la consulta por terceros  de fondos sacramentales con una antigüedad menor a cien años, ya que las personas a las que afectan pueden estar todavía vivas.

¿Cómo se clasifican los libros y documentos del archivo?

La organización actual parte de la establecida por el sacerdote don Agustín Gil Domingo, que publicó un catálogo de los fondos en la revista Aragonia Sacra en 1986.

Los fondos se dividen en dos partes fundamentalmente: el propiamente diocesano, que recoge la documentación producida por la diócesis en sus diferentes instancias jurídicas (procesos civiles, criminales, matrimoniales…) y administrativas, mientras que otras se refieren más a los diferentes grupos que la han formado: sacerdotes (libros de órdenes, concursos a curatos, nombramientos, etc.), religiosos (expediente de profesión, secularizaciones…), asociaciones laicales (como cofradías). Por otro lado están los fondos incorporados para su custodia (los libros sacramentales con más de cien años de antigüedad) y depositados por diferentes causas de instituciones ya desaparecidas (Orden de San Juan, Diputación del Reino, archivos nobiliarios, etc).