Hombre y mujer los creó – Carta del obispo de Tarazona, 8 de marzo

Vicente Rebollo Mozos
6 de marzo de 2026

Con esta frase del libro del génesis (1, 27) se afirma la igualdad entre el hombre y la mujer desde el momento de su creación. Creados por Dios con idéntica dignidad, con los mismos derechos y obligaciones, creados libres, llamados a ser el uno para el otro desde su diversidad, “existe el uno para el otro” dice el Papa San Juan Pablo II en Mulieris dignitatem 7. Es lo que quiere expresar la admiración de Adán cuando contempla a Eva, “esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne”, narrado ahora en el capítulo segundo del mismo libro del Génesis. Unidad, armonía y complemento que no le aportaba ningún ser vivo de la creación, sólo la mujer.

Unidad e igualdad fundamentadas en que el hombre y la mujer son creados a imagen y semejanza de Dios (Gn. 1, 26) para juntos dominar todo lo creado (1, 28). San Juan Pablo segundo lo expresó en su carta a las mujeres del 29 de junio de 1995 con las siguientes palabras “Femineidad y masculinidad son entre sí complementarias, no sólo desde el punto de vista físico y psíquico, sino ontológico” (7).

Esta voluntad inequívoca de Dios en la creación se fue desviando en la historia hasta la llegada de Jesús. En el Evangelio declara, de forma definitiva, la igualdad de hombres y mujeres recuperando los derechos de la mujer, en especial en el matrimonio, elevó la dignidad de los creyentes al compararnos con su Madre, eligió a las mujeres para anunciar la mayor noticia de la historia, su resurrección y, puso a su Madre al frente de todos los creyentes.

San Pablo en sus cartas, dejó claro la igualdad del hombre y la mujer, ante Cristo todos somos iguales, no hay distinción entre hombres y mujeres, todos somos uno en Cristo, (Gal. 3, 28). Lo subraya especialmente al hablar del matrimonio, fruto de la entrega del hombre y la mujer, donde se aman el uno al otro como a sí mismo, así indica esa unidad e igualdad. (Ef. 5, 21-33)

También las enseñanzas de los últimos Papas han insistido claramente en estas doctrinas de igualdad, de complementariedad a partir de sus diferencias sexuales, cada uno tiene su papel, con los mismos derechos e idéntica dignidad. Afirmar la diferencia entre ambos es reconocer su especificidad y la posibilidad de enriquecerse mutuamente, sin mermar su dignidad, ni su igualdad.

Queda camino para que esta igualdad sea plena. Mientras, hay que rechazar totalmente la violencia contra las mujeres, el trato de inferioridad y por supuesto los crímenes que acaban con sus vidas e incluso con las de sus hijos. La Iglesia pide que se siga avanzando en este camino de reconocer y defender la igualdad del hombre y de la mujer, basada en la creación, en la naturaleza, se nos crea con sexo masculino o femenino, que se deje de hablar de sexo débil y por supuesto, inferior.

Los creyentes encontramos en María el espejo para mirar la más alta dignidad de la mujer. A ella ya nos acogemos para pedir una sociedad justa, que nos ayude, como Madre, a vivir todos como hermanos, fortaleciendo la igualdad y la dignidad de todos.

Este artículo se ha leído 48 veces.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Compartir
WhatsApp
Email
Facebook
X (Twitter)
LinkedIn

Noticias relacionadas