Hagamos tres chozas

Pedro Escartín
28 de febrero de 2026

Un café con Jesús. Flash sobre el Evangelio del II Domingo de Cuaresma – A – (01/03/2026)

En esta segunda semana de Cuaresma, el Evangelio (Mt 17, 1-9) muestra a Jesús transfigurado, radiante, y a Pedro, Santiago y Juan, los tres discípulos que se llevó con él a lo alto del monte, atónitos y pensando lo bueno que sería hacer tres cabañas y quedarse allí contemplando la gloria que envolvía a Jesús. Pero esa no era la intención del Maestro. ¿Qué pretendió Jesús al hacerlos participar en una escena tan insólita?

– No fue una escena insólita -me ha corregido Jesús, amablemente pero con firmeza-. ¿Has olvidado que el Antiguo Testamento narra diversas manifestaciones de Dios en lo alto de un monte, rodeadas de apariciones, en las que también se oyó una voz del cielo, que provocó turbación en quienes las presenciaron? La única diferencia entre esas teofanías y ésta es que hoy el Señor me presentó como Hijo suyo.

– O sea, que habías previsto todos los detalles para que aquellos discípulos, que por ser israelitas fieles conocían las Escrituras, se dieran cuenta de que estaban asistiendo a una teofanía de la que tú eras el protagonista -he dicho acercándome la taza de café a los labios-.

– Más o menos, así fue. El Padre quiso dar una palabra de ánimo a tres de mis discípulos, anticipándoles mi victoria sobre la cruz. Recuerda que seis días antes, yo les había anunciado mi pasión, después de que Pedro proclamara públicamente que soy el Mesías y el Hijo de Dios. Pero Pedro veía en mí un Mesías glorioso según las expectativas de su tiempo. En una escena muy tensa, que recoge el evangelista Mateo (Mt 16, 21-23), Pedro trató de disuadirme para que volviera al camino del mesianismo triunfador y llegué a llamarlo Satanás, porque pretendió desviarme del camino marcado por el Padre. Tanto él como sus compañeros necesitaban levantar el ánimo a la vista de los acontecimientos que tendrían que soportar durante mi pasión.

– Perdona por lo que voy a decirte, pero no puedo callarlo -he dicho cogiendo mi taza de café y tratando de establecer una cierta complicidad-, a veces no comprendo que el Padre pidiera tu obediencia hasta la muerte, y una muerte de cruz.

 

Lectura del santo Evangelio según san Mateo (17, 1-9).

Seis días más tarde, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:

«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía:

«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».

Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:

«Levantaos, no temáis».

Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:

«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

Palabra del Señor.

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