La mies es abundante

Pedro Escartín
13 de junio de 2026

Un café con Jesús. Flash sobre el Evangelio del XI Domingo del tiempo ordinario – A – (14/06/2026)

El Evangelio (Mt 9,36-10,8) nos sitúa hoy en el día a día de Jesús durante los escasos tres años de su “vida pública”: entre el momento en que se plantó delante de Juan en el río Jordán para que lo bautizara y la Pascua o “paso” de Jesús de este mundo al Padre a través de su muerte, resurrección y ascensión a la derecha de Dios, culminada con el envío del Espíritu Santo prometido, que hemos celebrado hace pocos días.

Jesús venía desarrollando una intensa actividad por Galilea, curando enfermos y soportando sus primeras diatribas con los dirigentes de Israel a propósito del anuncio de que el Reino de Dios ya estaba llegando. Y también había experimentado de primera mano que el pueblo estaba extenuado y abandonado porque andaba como un rebaño que no tiene pastor.

– El evangelista dejó escrito que, al ver el estado de ánimo del pueblo, te compadeciste de las muchedumbres -he dicho a Jesús con nuestros cafés en las manos y dispuesto a comentar con él el Evangelio que hemos escuchado este domingo-.

– ¿Y qué otra cosa podía hacer? -me ha replicado-. Mateo describe gráficamente la situación en la que se encontraba el pueblo: como ovejas sin pastor. ¿Tú has visto alguna vez un rebaño vagando por el monte, sin pastor que lo guíe al atravesar las cañadas oscuras, que lo defienda de los lobos y las alimañas, y lo conduzca a praderas de hierba fresca y sabrosa? ¿Cómo no iba a compadecerme de aquel pobre rebaño? No te diré que estaba dejado de la mano de Dios, porque precisamente me había enviado para sustituir a los malos pastores que se aprovechaban del rebaño en lugar de apacentarlo.

– Pero me sorprende que, ante la escasez de buenos pastores, dijeses a tus discípulos que rogasen al dueño de la mies que enviase pastores. Si el Padre es el dueño de la mies y está interesado en cuidarla, no hacía falta que se lo pidieran -he dicho con algo de retintín cogiendo despreocupadamente mi taza para tomar un sorbo-.

– Y a mí me extraña que aún no hayas comprendido las intenciones del Padre. Él quiere que participéis en la tarea y que no os contentéis con ser unos asalariados de brazos cruzados; por eso os urge a ser buenos pastores y a rogar que haya buenos pastores.

– Entonces, ¿elegiste a los Doce y les diste autoridad para curar toda dolencia con la intención de implicarlos contigo en el cuidado del rebaño?

– De no haberlo hecho así os hubiera dejado al margen de la tarea más digna que se puede encomendar a unos seres humanos: la de no ser inútiles, sino responsables del bien o del mal que existe en el mundo. ¿No te parece hermosa esta tarea? ¿Y mi última recomendación?

– ¿Cuál? ¿La de que gratis hemos recibido tu llamada y la capacidad de hacer cosas buenas y que, por tanto, hagamos el bien gratuitamente?

– Así es, amigo. Esto hace que seáis verdaderamente humanos -me ha dicho después de apurar su café y, mirándome cordialmente, ha añadido-: “Id a las ovejas descarriadas de Israel y proclamad que ha llegado el reino de los cielos” ¿Te parece un encargo poco apetecible?

 

 

Lectura del santo Evangelio según san Mateo (9, 36-10,8)

En aquel tiempo, al ver Jesús a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, “como ovejas que no tienen pastor”. Entonces dice a sus discípulos:

«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».

Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia. Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro y Andrés, su hermano; Santiago el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariotes, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:

«No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis».

Palabra del Señor.

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