Barbastro-Monzón vibra con la visita del papa León XIV en Madrid

Ascen Lardiés
9 de junio de 2026

«Resulta difícil explicar cómo más de un millón de personas pueden permanecer en silencio absoluto, arrodilladas ante el Señor. Cincuenta minutos de respeto y de oración… Allí comprendí de una forma muy real que Dios está vivo». Con esta contundencia describe Daniela, diocesana de Barbastro-Monzón, la experiencia vivida durante la Vigilia con los Jóvenes del papa León XIV en Madrid.

Como ella, más de un centenar de chicos y chica de Barbastro-Monzón realizaron un viaje relámpago en autobús para sumarse a un acontecimiento único. «Fascinante”, señala el obispo, Mons. Ángel Pérez Pueyo, testigo de cómo «el hombre de blanco, el hombre de la paz, ha sido capaz de generar esperanza, ilusión y fe en todo el pueblo español».

Para el vicario de Pastoral, que acompañó a los jóvenes junto a otros dos sacerdotes, la figura de León XIV puede compararse con un imán capaz de generar un campo magnético que polariza, en el buen sentido, a todo el que se acerca. «A uno se le pone la carne de gallina cada vez que recuerda los instantes previos al paso del Papa por el sector, cómo la multitud abigarrada de milenials se agolpaba —móvil en alto— para captar su paso; alguno, cual Zaqueo redivivo, subido a un árbol. Frente a las discusiones de los adultos sobre si somos de un Papa o de otro, estos jóvenes nos dan una gran lección: son del Papa porque es el sucesor de Pedro. Como dirían ellos: ¡Obvio!», explica Paco Cabrero,

El vicario destaca además cómo León XIV ha sorprendido a todos desvelándose en las distancias cortas como una persona discreta, sencilla, austera y con una media sonrisa permanente que denota el peso de sus responsabilidades, pero capaz de lanzar «dardos» directos al corazón de la juventud.

Las palabras del Santo Padre durante el encuentro fueron una guía muy clara y un recordatorio de que «ser joven y seguir a Dios no significa perderse la vida, sino vivirla con propósito», añade Daniela, quien confiesa cómo le marcó especialmente la exhortación a ser «vosotros mismos chispa de una humanidad nueva» y también «si ardéis en la fe, transmitiréis el fuego vivo de Jesús».

«Ver al Papa exponiendo al Santísimo es algo bello. Seas de la religión que seas, se puede apreciar el poder y la grandeza de ese momento», relata Diego, quien rememora el momento en que el Pontífice irrumpió en el recinto a bordo de su papamóvil. «En el momento en que León XIV pasó a escasos metros de nosotros, el ambiente cambió; se volvió algo real y puro», sostenido por la labor de numerosos y entregados voluntarios.

Tras la música y el posterior rezo del rosario que devolvió la calma, llegó la catarsis: ese silencio que Paco Cabrero define como «atronador», con miles de jóvenes de rodillas hincadas ante el Santísimo Sacramento, emergiendo como el «solo» dentro de una gran sinfonía de silencio.

Como bien resume Daniela, «regreso profundamente emocionada. Siento un vacío que en realidad es una llamada a no quedarme ahí, a seguir construyendo… Porque las ideologías pasan, mientras que la verdad permanece».

En palabras del vicario de Pastoral, la diócesis ha recibido una semilla tras este acontecimiento histórico: «Ahora toca urdirlo con la vida ordinaria en nuestras familias, parroquias y grupos. Hay que cuidar esta semilla y ayudarla a crecer para que no se marchite, sino que sea capaz de dar consuelo y esperanza también a otros».

Don Ángel no tiene duda de que estamos viviendo «una experiencia de esperanza inigualable. Por eso, quiero transmitiros a todos que sigáis rezando por los frutos de este viaje, para que de verdad cada uno de nosotros volvamos a ser aquello que Dios ha soñado: felices, libres, auténticos y fecundos».

 

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