Un café con Jesús. Flash sobre el Evangelio del Domingo de Pentecostés – B – (19/05/2024)

Hoy celebramos que el Paráclito ha llegado tal como Jesús prometió a sus discípulos en su conversación de despedida: «Cuando venga el Paráclito os guiará hasta la verdad completa» (Jn 16, 13), les dijo. Uno de los evangelios que se leen en este Domingo de Pentecostés (Jn 20, 19-23) testifica que el prometido Espíritu de la verdad llegó y trajo en sus manos un regalo tan precioso como es el don de perdonar los pecados, pero mucho me temo que…

– Corremos el riesgo de no apreciar este don como se merece, porque son tan pocos los que ahora se benefician del Sacramento del Perdón… -he dicho a Jesús al comentar el evangelio-.

– Y no saben lo que se pierden -me ha atajado con la taza de café entre sus manos-. Cuando prometí a mis discípulos que les enviaría el Paráclito, le di el nombre de “Espíritu de la verdad”. Para apreciar el perdón hay que saber apreciar la verdad.

– ¿Quieres decir que los hombres y mujeres que vivimos en este primer tercio del siglo XXI no apreciamos la verdad ni el don de ser perdonados? -he reaccionado con un gesto de preocupación-.

– Y tampoco apreciáis lo mucho que contribuye a que haya paz en el mundo el que seáis capaces de perdonaros unos a otros -ha añadido-; y así os van las cosas: siempre estáis al borde de la catástrofe y sobre todo de provocar sufrimientos intolerables en niños inocentes y en hermanos marginados.

– No nos percatamos de que no apreciar la verdad tenga tanto que ver con los desastres de la guerra -he reconocido mientras disolvía el azucarillo en mi café-.

– Pues toma nota y rectificad vuestras apreciaciones. Cuando los escribas y fariseos me trajeron a una mujer sorprendida en adulterio con intención de apedrearla, los enfrenté con la verdad de sus propias vidas. ¿Recuerdas que les dije: aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra? Entonces todos se escabulleron dejando a la mujer sola delante de mí. Aproveché este episodio para hacerles caer en la cuenta de lo necesaria que es la verdad y añadí: «Si os mantenéis fieles a mi Palabra, conoceréis la verdad y la verdad os hará libres». ¡Lástima que alguno haya pretendido tergiversar mis palabras y se haya atrevido a decir que “la libertad es la que os hace verdaderos”!

– Es que la verdad resulta incómoda y poco “progre” -he replicado-. ¿Recuerdas con cuánto desprecio te dijo Pilato antes de condenarte a muerte: «… y ¿qué es la verdad?»

– ¿Cómo podría olvidarlo? -me ha respondido con pesadumbre-. La ligereza con la que manipuláis la verdad en beneficio de intereses personales es una deriva muy peligrosa. Como os advirtió el que fue mi Vicario, Benedicto XVI, con la manipulación de la verdad “se va construyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja sólo como medida última al propio yo y sus apetencias. El relativismo abandona la posibilidad de diálogo para alcanzar la verdad común sobre la que construir la convivencia humana, el desarrollo como personas y como sociedad e introduce una dictadura, la del propio yo y sus apetencias…”

– ¡Y bien que lo estamos sufriendo! -he exclamado-. ¿Por eso nos prometiste que el Paráclito nos guiaría hasta la verdad completa? ¡Cuánta falta nos hace volver a apreciar la verdad!

– Y, con ella, apreciar también el perdón. Pide ambos dones con la oración que hoy reza mi Iglesia: “riega la tierra en sequía / sana el corazón enfermo / lava las manchas, infunde / calor de vida en el hielo…” -ha concluido dejándome con mis pensamientos y la palabra en la boca-.