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En la casa del Padre hay muchas moradas

Pedro Escartín
2 de mayo de 2026

Un café con Jesús. Flash sobre el Evangelio del V Domingo de Pascua – A – (03/05/2026)

En estos últimos domingos de Pascua, la Iglesia nos propone meditar algunos fragmentos escogidos del “discurso de despedida”, que ha conservado el Evangelio según san Juan: el domingo pasado se nos recordaba que Jesús conoce el nombre de cada uno y nos llama por él, como hace el pastor que cuida y ama a cada oveja de su rebaño; en el Evangelio de hoy (Jn 14, 1-12), Jesús anuncia que se marcha, pero que volverá, porque no quiere que seamos huérfanos. Con estas explicaciones, el párroco, en su homilía, nos ha puesto a punto para meditar el Evangelio que hoy hemos escuchado y sobre el que ahora, tomando un café, quiero hablar con Jesús, al que ya veo entrando en la cafetería…

– Feliz día del Señor -le he dicho con las dos tazas de café en mis manos-. Si el domingo pasado tus palabras sobre las ovejas me parecieron entrañables, las de tu “discurso de despedida”, en el Evangelio de hoy, son doblemente cariñosas.

– Me satisface oírlo -ha reaccionado y, después de llevarse una taza a los labios, se ha quedado en silencio hasta que ha añadido-:

– Si no te importa, dime por qué ves tanto cariño en mis palabras de despedida.

– Pues porque tengo la impresión de que te dolía la orfandad en la que quedarían tus discípulos. ¿No recuerdas que les dijiste?: «No se turbe vuestro corazón. Creed en Dios y creed también en mí» ¿Tan cariacontecidos los viste durante la cena de despedida?

– No puedo decirte que no lo estuvieran. Seguramente presentían lo que iba a pasar y la confidencia que les hice de que uno de ellos era un traidor les alteró tanto que Simón hizo señas al que estaba junto a mí para que me preguntase de quién estaba hablando.

– No era para menos; que en aquel menguado grupo discípulos fieles hubiera uno dispuesto a entregar a su Maestro a las autoridades judías, que tan hostiles se mostraban contigo, debió alterarlos profundamente.

– Por eso, tenía que sostener su fe todavía vacilante. Además, había llegado el momento de darles una noticia que alimentase su esperanza. Les dije que creyeran en Dios, porque el Padre sabe muy bien lo que hace cuando permite que afloren entre vosotros las consecuencias de la maldad que el Maligno siembra en el mundo y también había sembrado en el corazón del traidor. Con mi obediencia hasta la muerte debía ser redimida la desobediencia de Adán y de todos vosotros. Y añadí que también creyeran en mí, porque no se quedarían huérfanos: les hice saber que en la casa de mi Padre hay muchas moradas y yo marchaba a prepararles una de ellas; cuando la tuviera preparada volvería «para que donde yo estoy estéis también vosotros». Con esta noticia se renovó su esperanza.

– ¿Cómo no vamos a ver un cariño inmenso en tus palabras de despedida? No sólo suprimes nuestra orfandad, sino que, además, nos estás preparando una morada junto a ti y junto al Padre. Por cierto, tengo la impresión de que le diste un tirón de orejas a Felipe cuando ingenuamente, pero con evidente sinceridad, te pidió que le mostrases al Padre. Tu respuesta: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quién me ha visto a mí ha visto al Padre», me suena a regañina, como si le hubieses dicho: “No te enteras de nada”.

– No pretendí regañarle; sólo aprovechar la oportunidad de insistir en que ya estáis viendo al Padre, pues las obras que yo hago testifican que el Padre está en mí y que también permanece en vosotros porque creéis en mí.

– ¡Qué consoladoras son tus palabras! Las recordaré cada día.

Lectura del santo Evangelio según san Juan (14, 1-12)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».
Tomás le dice: «Señor, no sabemos adonde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
Jesús le responde: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».
Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta».
Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: Yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre».

Palabra del Señor

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