El Seminario de Tarazona se ha convertido esta semana en el corazón de la pastoral juvenil arandina. Allí, los Grupos Parroquiales Juveniles (GPJ) celebran la cuarta edición del Campamento Panivin, una iniciativa que nació hace cuatro años con un objetivo claro: unir a todas las parroquias de Aranda de Duero en un proyecto común que ofreciera a los jóvenes una experiencia educativa, espiritual y humana de calidad.
La historia de este campamento no puede entenderse sin la transformación que han vivido los GPJ en los últimos años. Cuando Álvaro Zamora llegó a Aranda enviado por el arzobispo de Burgos, la pastoral juvenil estaba dispersa y debilitada. Existían pequeños grupos, parroquias que se unían a iniciativas externas y una falta de cohesión que impedía trabajar con continuidad. “Don Mario me envió para trabajar con los jóvenes y sacar adelante una pastoral que estaba un poco apagada”, recuerda Álvaro.
La solución fue ambiciosa: unir todas las parroquias de la ciudad, crear un proyecto común y formar monitores jóvenes que pudieran sostenerlo. Así nació la estructura actual de los GPJ, que hoy reúne cada viernes y domingo a más de cien adolescentes, organizados por edades y acompañados en tres dimensiones: humana, social y espiritual. Además del campamento infantil, planifican otras actividades anuales como el Camino de Santiago para los mayores y el voluntariado con la Hospitalidad de Lourdes.
Desde su creación, Panivin ha recorrido Espinosa de los Monteros, la Sierra de Guadarrama y ahora Tarazona, creciendo en participación y en identidad. Este año, sin embargo, han decidido reducir el número de asistentes para priorizar la calidad: 142 niños y 28 monitores, todos voluntarios. “Aquí los monitores no cobran; lo hacen porque quieren, y eso da otro aire distinto, una calidad humana y una calidez que se nota”, afirma.
Un Seminario que se convierte en hogar
La llegada al Seminario de Tarazona fue casi providencial. Álvaro lo descubrió por casualidad en redes y contactó con el obispo de Tarazona, Mons. Vicente Rebollo, burgalés y antiguo compañero. Las facilidades fueron inmediatas. “Todo han sido facilidades. El seminario es enorme, tiene capacidad y disposición suficiente, y el personal nos ha tratado como parte de la familia”,destaca.
Las instalaciones, amplias y preparadas para acoger grupos numerosos, han permitido que los GPJ organicen actividades, dinámicas y momentos de convivencia sin interferir con otros campamentos alojados allí.
Hydria: la noche que todos esperaban
Si hay una experiencia que ha marcado a los niños y niñas este año, ha sido Hydria, la visita nocturna a la Catedral de Tarazona. Todos los grupos han pasado ya por ella, y la reacción ha sido unánime: emoción, sorpresa y silencio reverente. “Había un niño emocionado antes de venir, solo por la idea de visitar una catedral de noche y con luces. Les ha gustado mucho, y a los monitores también”, cuenta Álvaro.
Una misa que dejó huella
La presencia de Mons. Vicente Rebollo en la eucaristía del campamento ha sido otro de los momentos más especiales. El obispo, muy cercano a los GPJ, compartió tiempo con los monitores, trajo dulces típicos de Aragón y convivió con ellos como uno más. “Creo que ha sido la misa en la que más atentos han estado los chavales, por respeto y cariño”, afirma Álvaro.
Durante la homilía, el obispo habló del amor recibido y entregado, del valor de ser cristiano sin miedo, del testimonio de san Fermín -coincidiendo con la fecha del santo- y de la importancia de plantearse la vocación. Una anécdota resume el impacto del momento: un niño pequeño se acercó al obispo y le confesó que quería ser sacerdote. Don Vicente le respondió que rezaría por él cada día.
Panivin: tradición renovada
La mascota del campamento, Panivin, es un símbolo que une pasado y presente. Nació en Aranda durante la exposición de Las Edades del Hombre, dedicada a la Eucaristía, y fue recuperada y actualizada por los GPJ como emblema de continuidad y misión. “Es bonito unir lo antiguo con lo nuevo, seguir la tradición de quienes trabajaron con los jóvenes antes que nosotros”, explica Álvaro.








