Opinión

José Luis Lázaro

Periferias

El Papa de la acogida y de la dignidad humana

15 de junio de 2026

Sintetizar en dos palabras el viaje del Santo Padre León XIV a nuestro país, no es tarea sencilla. Más si cabe, cuando ha sido un viaje tan observado con lupa, desde diferentes miradas, acentos y puntos de vista. Las comparaciones con su predecesor -el Papa Francisco-, la tan manida polarización que impregna todos los niveles de nuestra vida social y comunitaria, la cantidad de encuentros, gestos y discursos de León XIV; han conllevado que se  viertan “ríos de tinta” en los medios escritos y cientos de “reels” con las palabras y los gestos del Papa, en los medios digitales.

He escogido, a modo de resumen, estas dos palabras, porque recogen, por un lado el continuísmo de León XIV, con el desarrollo de la acogida y la hospitalidad que llevó a cabo Francisco, a través de cartas encíclicas, jornadas mundiales, gestos y discursos, en el tiempo que tuvo, para llevar a cabo la misión de pastorear la Iglesia desde esta dimensión concreta. La segunda palabra, la dignidad humana, me parece “más propia y personal” de León XIV, pues la ha repetido de forma directa e indirecta en buena parte de los discursos que ha pronunciado con toda clase de personas en nuestro país, desde las más poderosas hasta las más débiles y vulnerables.

Acogida y dignidad humana, son consecuencia la una de la otra, se podría decir que son inseparables y, de una forma muy expresiva y visual, las hemos visto entrelazadas en los encuentros que el Papa León ha tenido con los grupos de personas, que ha tenido a bien encontrarse en esta primera visita apostólica en nuestro país.

León XIV bendice a los niños en su visita a las Canarias.

A riesgo de olvidarme de alguno de los encuentros, donde hemos podido percibir y experimentar este mensaje de acogida y dignidad humana, que nos ha querido comunicar el Papa León XIV, estos días en nuestro país, me gustaría destacar los siguientes: el recibimiento en el aeropuerto de Madrid, en el cual no solo estaban las más altas representaciones civiles, políticas y religiosas de nuestro país, sino también, un grupo de niños con capacidades diferentes, los cuales comenzaron “a sacar la sonrisa y la ternura de un Papa”, que nos iba a sorprender en los sucesivos encuentros con las personas más vulnerables. A continuación, la visita al proyecto social <CEDIA, 24 horas>, donde empezamos a escuchar la exigencia de vivir una fe encarnada con los más vulnerables y la necesidad de apoyar a las entidades sociales, como Cáritas, que viven, acogen y acompañan –de una forma integral- a todas las personas que han vivido experiencias de exclusión y/o marginación social. 

Esa misma experiencia de acogida la vivió el Papa León con los jóvenes, tanto en la Vigilia de Oración, como en las Eucaristías, donde señaló la importancia de cuidar la dimensión espiritual y del silencio en todos los creyentes, con independencia de nuestra edad. Sin dimensión espiritual, no está completa la dignidad de un ser humano.

Al día siguiente, en el encuentro con la cultura y la sociedad civil, León XIV tuvo la habilidad para acoger en un mismo recinto a personas, grupos e instituciones, que sin ser creyentes – de una forma explícita- quisieron comunicar, a través de sus palabras, la necesidad de vivir estos valores –acogida y dignidad humana– amén de otros muchos, en el marco de nuestra convivencia social y democrática. Ver juntas a personas que, en la palestra de la vida social, viven desde el enfrentamiento y la falta diálogo, hablando de tejer redes de encuentro, solidaridad y diálogo, en estos tiempos de polarización ideológica, llevó a que muchas personas, desde la emoción, comenzáramos a vislumbrar un tiempo diferente y más esperanzador.

El discurso en el Congreso de los diputados, con casi todos los parlamentarios presentes, donde León XIV fue capaz de pronunciar unas palabras que nos recordaban la convivencia social y democrática de nuestro país, forjada en unas raíces comunes, que nos impulsaban en este momento a cuidar el lenguaje, a no fomentar la crispación y a defender la acogida y la dignidad humana, desde su nacimiento hasta su final, abordando todas las dimensiones del ser humano que deben de ser cuidadas, protegidas y defendidas (educación, derechos, vivienda, participación, bien común, justicia social, etc). Los aplausos de todos nuestros representantes políticos hacia las palabras del Papa, apenas tuvieron repercusión en el tiempo, pues a las pocas horas, volvieron a su habitual tono de enfrentamiento verbal y dialéctico.

Hubo otros encuentros –de carácter privado- y, por tanto, sin imágenes o discursos del Santo Padre, que también merece la pena resaltar, pues recogen la esencia de estos dos valores que –en mi opinión- más repercusión han tenido en esta visita apostólica. Entre los cuales, quiero subrayar el encuentro de León XIV, con algunas víctimas de abusos sexuales en el interior de la Iglesia Católica. La sensibilidad del Papa hacia esta realidad doliente que han experimentado y experimentan, no pocas personas, en nuestra Iglesia y, su deseo de querer encontrarse con ellas, señala la convicción de que no puede haber una acogida integral de un ser humano, si no se respeta su dignidad integral como persona.

En Barcelona, me gustaría destacar la visita de León XIV -la primera de un Papa, a un Centro Penitenciario en nuestro país- al Centro Penitenciario de <Brians 1>, donde habló a las personas que allí viven, sobre la necesidad de que los errores y el pecado cometido, no determinen el futuro de su condición vital y humana. La imagen de las palabras y el abrazo, lleno de ternura y cariño, de una mujer privada de libertad con el Santo Padre, nos conmovió a muchos… Posteriormente, la visita a una comunidad parroquial, ubicada en el Raval de Barcelona, nos acercó a esos barrios periféricos de nuestras grandes ciudades, donde la riqueza multicultural y los problemas sociales y de convivencia se entremezclan, casi como una asociación perfecta. El Papa, subrayó la necesidad de crear las condiciones necesarias, para que se produzca una integración real y efectiva de todas las personas que viven entre nosotros, con los mismos derechos y oportunidades.

Por último, el Papa León XIV, cumplió el sueño inconcluso del Papa Francisco, de visitar las Islas Canarias, puerta de entrada de miles de personas que, a través de la ruta Atlántica de migración, se juegan la vida para llegar a sus costas e iniciar una vida mejor para ellos o los familiares que dejaron atrás en sus países de origen. Arguineguín, ya no será conocido como “la puerta de la vergüenza” de Europa, sino como “la puerta de la esperanza”; tras la visita del Papa León, y ese simbólico gesto de depositar un centro de flores en las aguas del puerto, en memoria y oración por todas las personas fallecidas en el transcurso de esos viajes en patera, en ruta hacia nuestro país. La acogida cálida y emocionante –en gestos y palabras- de León XIV, hacia las personas migrantes que le recibieron en Canarias, son imágenes, que muchos de nosotros hemos grabado en el fondo de nuestro corazón: el regalo de la copia de la tarjeta de residencia, que le entregó una persona procedente de Senegal, como muestra de gratitud y alegría; los niños africanos en los brazos del Papa; las palabras emocionadas de las personas que reciben y acogen a estas personas cuando llegan o son rescatadas en alta mar…

Estos y otros recuerdos, cada cual tendrá los suyos, probablemente marcarán el pontificado de este Papa, que nos ha enseñado, en este viaje, que desde la serenidad, la sonrisa amable, las palabras medidas pero firmes y contundentes, la acogida cálida y cercana a todas las personas sin hacer diferencia y el respeto de la dignidad humana; serán los ejes, sobre los cuales tratará de seguir el camino iniciado por el Papa Francisco, en el que el ser humano, es y será el centro del cuidado, la defensa y la protección  -en todas sus dimensiones-, por parte de la Iglesia, como criatura pensada, creada, amada y bendecida por Dios.

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