Opinión

Ángel Calvo Cortés

Mi libertad soy yo

16 de julio de 2026

Nos encontramos en la calle y nos sentamos a tomar una cerveza sin alcohol. Miguel me comentó que su hijo le había pedido que le explicase el evangelio del próximo domingo porque él lo tenía que comentar en la catequesis de confirmación. En este importante texto evangélico de Mt 10:8,  el mismísimo Jesús les dice a los discípulos lo que tienen que hacer para evangelizar: resucitad muertos, curad enfermos, limpiad leprosos, arrojad demonios… ¡Casi nada! Obviamente el texto necesita interpretación. En concreto, ¿qué simboliza  todo esto para mí? ¿Qué acciones se nos piden a nosotros hoy? Lo estuvimos comentando.

1.- ¿En qué consiste resucitar muertos? Marco Aurelio decía que, no es la muerte lo que una persona debe temer, sino el no haber comenzado a vivir. No es lo mismo existir que vivir. Muchas personas mueren sin haber vivido, andan dormidas por la vida. No buscan; obedecen. La muerte que yo más temo no es la que viene por fuera, es la que viene de dentro, dice José Bergamín. Dejar de transformarte es dejar de vivir. Personalmente, podría decir que lo que más me alimenta es mi hambre. No solo de pan vive el hombre. Vivo amasando mi propio pan, buscando lo que de verdad me alimente.

El crecimiento personal, el superarse a sí mismo es vivir. Provocar y alimentar esta vida interior en otros es resucitar muertos. Inducir a la reflexión a otros, a tener una vida propia interior. Difundir frases motivadoras es tratara de resucitar muertos. Quien no es libre no puede ser evangelizado o ser creyente. Por tanto, prioriza tu autenticidad.

Mi amigo Dostoyevski dijo: El secreto de la existencia humana no solamente está en vivir, sino también en saber para qué se vive. La mayoría de la gente se limita a existir. En el evangelio de Juan (10,10) leo: He venido para que tengan vida y la tengan abundante. Esta palabra «abundante» en griego es perisson, que significa «más allá de lo imaginable,  más de lo que uno desearía». En definitiva, Jesús nos promete una vida  distinta en cantidad y calidad. Ni ojo vió, ni oído oyó, ni al interior del hombre llegó lo que Dios ha preparado (1Cor. 2,9)

2.- La muerte suele ir precedida de la enfermedad, por eso hay que curar enfermos. Cuando la persona carece de ilusión e ilusiones, de esperanza, cuando se percibe a sí mismo en baja forma, hay que enfrentarse a la situación. El Reino de Dios llega cuando los ciegos ven y caen la cuenta, como si despertasen, y hablan de ello a los demás los que antes eran mudos, así dejan de ser paralíticos y se ponen a caminar, a vivir.

La superficialidad, la frivolidad y la rutina irreflexiva nos destruyen por dentro. Causan infantilismo perpetuo. Muchos están tan ocupados en trabajar que no les da tiempo a vivir. Se busca la felicidad aquí y ahora. Bienestar y futbol, diría hoy Juvenal

3.- Limpiad leprosos solitarios. Los demás nos construyen. El individualismo egoísta nos petrifica; no servimos a los demás sino que nos servimos de los demás. Vamos solo a nuestra bola. No nos preguntamos en qué puedo ayudar sino qué gano yo ayudándoles. No hemos descubierto a los otros como personas sino como medios para nuestros objetivos. No se tiene capacidad de empatía. Drogadictos, presos, personas sin hogar y sin amigos necesitan nuestra ayuda, al igual que los poco sociables o los no cariñosos. El egoísmo es el único ateísmo verdadero. La madurez comienza cuando uno vive para los demás

4.- Expulsad demonios. Los posesos no son cosa de otros tiempos. En la actualidad, hay una mayoría que son gobernados desde su propio interior por otras personas o instituciones que los manipulan. Les han lavado el cerebro, les han quitado la libertad responsable de ser ellos mismos. No tienen vida interior propia, otros los poseen pero ellos no son conscientes. Pasa también en la Iglesia. Hay posesos en el tema religioso. No son libres, tienen miedo y no pueden ser auténticos creyentes: son clientes del chiringuito (proselitismo).

Dostoyevski pone esta reflexión en boca del Gran Inquisidor: “En lugar de dominar la conciencia, viniste a profundizarla más; en vez reducir la libertad de los hombres, viniste a ampliarle el horizonte. Tu deseo era liberar al hombre para el amor. Libre de seguirte, de sentirse atraído y preso por Ti. En lugar de obedecer las duras ley del pasado, debe el hombre, a partir de ahora, con el corazón libre, decidir lo que es bueno y lo que es malo, teniendo tu ejemplo ante sus ojos”.

Parece ser que la sesión de catequesis resultó muy participada. ¡Cuídate!

Compartir
WhatsApp
Email
Facebook
X (Twitter)
LinkedIn

Noticias relacionadas