Con el objetivo de responder a una formación sólida y específica, al mismo tiempo que asequible, sobre los ministerios de lector y acólito y capacitar para el ejercicio de los mismos, el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón, el CRETA ha puesto en marcha un curso de formación litúrgica, el cual está destinado a las personas que quieren recibir este ministerio de forma estable o transitoria, de nuestras parroquias o comunidades de la Archidiócesis o que ya están ejerciendo este servicio y desean esta formación hoy.
En el «Espejo de la Iglesia en Aragón» de COPE entrevistamos a el Padre Luis Marco, párroco de Santa Gema, quien nos cuenta cómo podemos servir mejor a nuestra comunidad gracias a esta formación. A continuación, transcribimos la entrevista.
Rocío Álvarez: Luis es habitual ver a personas leyendo en misa o ayudando en el altar. Es posible que muchos realicen este servicio fielmente cada domingo. ¿Por qué es necesaria una formación específica para estas tareas?
Luis Marco: Pues siempre es necesario una formación, porque todos aprendemos de todos, y porque es necesario conocer los servicios y/o ministerios que la Iglesia que nos ofrece y especialmente aquellos ministerios que a los cuales están llamados los laicos, hombres o mujeres.
R.Á.: Este curso es para expertos ya de materia, cualquiera que quiera colaborar en su parroquia que pueda apuntarse, ¿a quién está dirigido?
L.M.: Pues está dirigido especialmente a los laicos, pero cualquiera puede apuntarse, cualquiera que tenga una sensibilidad, un espíritu litúrgico, o cualquiera que quiera aprender. Porque hemos entendido muchas veces que la liturgia eran ceremonias y aunque eran muy bonitas, pues participamos simplemente como espectadores. Estamos llamados a celebrar y celebrar algo importante como es el misterio pascual de Jesucristo, su muerte y su resurrección, su amor. Y cualquier cristiano, hombre o mujer puede apuntarse, claro que sí.
R.Á.: El curso que empezó este miércoles, se imparte en cinco sesiones, verdad, me parece, entre febrero y abril, ¿qué se van a encontrar los alumnos en el aula?
L.M.: Pues en el aula se van a encontrar, pues como yo me encontré el otro día, un espacio precioso, se van a encontrar unos compañeros y compañeras, más de vente, que han respondido a la llamada del CRETA a una formación litúrgica y encontrarán un tiempo y una oportunidad para formarse y para crecer.
R.Á.: Para los que han sentido y sienten la curiosidad, y esa llamada, mejorar su servicio en la comunidad, están a tiempo de engancharse al curso, porque comenzó este miércoles, pero todavía pueden.
L.M.: Yo creo que sí, que la inscripción en el CRETA, pues todavía darán oportunidades, claro que sí.
R.Á.: Fenomenal. ¿qué diferencia hay Luis, entre un lector que simplemente lee un texto y un fiel formado que proclama la Palabra de Dios?
L.M.: Pues esto, Rocío, lo sabes mucho mejor que yo, y yo creo que el que lee tiene que saber leer, pero leer en público es necesario leer bien, bien, y prepararse, porque si uno tiene dudas, está inseguro, pues hay que prepararse para leer bien. Y como bien dices, el que lee, no lee un texto cualquiera, lee la palabra de Dios que es el mejor libro, y debe proclamar la palabra de Dios, debe comunicar la palabra de Dios. Es el mediador de la palabra de Dios para la Asamblea, y es la palabra de Dios la que nos convoca, y es la voz de Dios hoy. Y, además, pues hoy también debes saber orar con la palabra de Dios, con el salmo responsorial, por ejemplo, y ayudar a la Asamblea a orar con la palabra de Dios, y debe saber proclamar la palabra de Dios, no es lo mismo leer o proclamar una lectura narrativa, del Antiguo Testamento que una carta, un cántico del Nuevo Testamento, o rezar también con la oración de los fieles, por ejemplo.
R.Á.: Sí, también puede ser como una oración en voz alta, el lector que se ha preparado, ayuda con su emoción y con su propia vivencia a transmitir, a todo el pueblo de Dios lo que está leyendo.
L.M.: Evidentemente, sí. Tiene que escuchar él mismo antes la palabra de Dios, y oír en su corazón lo que es la palabra de Dios para comunicarla mejor.
R.Á.: Padre Luis, en una sociedad tan visual, tan llena de ruido, ¿qué papel, juegan el silencio y los símbolos que tanto impregnan a la Eucaristía en este curso de formación?
L.M.: Pues es un curso intensivo, no nos da mucho tiempo para el silencio, para hacer silencio, pero sí que la celebración, en la celebración es necesario el silencio, como en nuestra conversación, en la música, y en cualquier parte es necesario el silencio, ¿no? Y especialmente en la celebración litúrgica y en la Eucaristía, lo más importante es el silencio interior. Y para eso, también es necesario dar cabida al silencio exterior. Naturalmente que la liturgia se compone de gestos, de palabras y para eso hay que conocerlos, saber su significado y lo que nos quiere decir.
R.Á.: ¿Qué le diría a esa persona que tiene ganas de ayudar en su parroquia, pero que le da miedo, respeto, subir a ambón o ayudar en el altar?
L.M.: Pues que deje el miedo a un lado, que deje el respeto ese que tiene a un lado, que hable con el párroco, con la persona más cercana de la parroquia, que tenga la confianza, y ánimo y a delante, porque seguro que es una llamada del Espíritu.
R.Á.: ¿Cómo puede repercutir este curso, lo que se aprende en la formación que va a ser impartiendo en la vida, de una parroquia pequeña, una vez que sus miembros vuelven ya formados?
L.M.: Pues es una riqueza, porque uno, no solamente se enriquece personalmente, sino que, si uno se prepara para vivir la fe, el que vive la fe puede contagiar la fe, para que la celebración sea más participativa y no porque todo el mundo haga muchas cosas, sino para que entre en el misterio que se celebra, entre en el encuentro con el Señor, por medio de la Iglesia.
R.Á.: ¿Cuál es el concepto, la lección fundamental que más te interesaría, que tus alumnos se lleven a casa?
L.M.: Pues que todos estamos llamados a participar activamente en la celebración, que las celebraciones para entrar juntos, como hermanos y como Iglesia y como comunidad, para celebrar la fe, para dar gracias, para llenarnos de entusiasmo, de ánimo, para sentirnos acompañados por la palabra de Dios, para sentirnos fortalecidos por el cuerpo del Señor, porque todos nos necesitamos.
R.Á.: No sé cómo has planteado las clases, porque es un curso intensivo. ¿Hay espacio para la práctica o es una formación teórica?
M.L.: El último día sí que será un espacio para compartir un pequeño trabajo que haremos entre todos y también durante los otros días, durante las lecciones, también hay oportunidad de preguntar, intercambiar experiencias.
R.Á.: ¿Cómo definirías en una palabra que significa para ti servir en el altar?
L.M.: Pues yo creo que es amar, ¿no? Amar al Señor y amar a la asamblea la Iglesia.
R.Á.: Pues se presenta muy interesante este curso. Me gustaría preguntarte, ya que te tengo aquí, eres párroco también de Santa Gemma, una parroquia de nuestra diócesis, que se encuentra en un barrio muy familiar, tienes una fluencia de muchas familias. ¿Cómo manejas la pastoral, digamos, con todas esas familias? Yo sé que tenéis preparado una adoración, ¿verdad? Al Santísimo, creo que la realizáis una vez al mes, ¿cómo organizáis esto?
L.M.: Pues, el encuentro principal es encontrarse en la parroquia como familias, ¿no? Encontrarse en la parroquia, como que la parroquia es la familia de las familias, ¿no? Que no somos extraños, que vamos a la parroquia, a un lugar, a un espacio, que es conocido y debe ser amado por todos y respetado por todos y todos estamos llamados a colaborar. El centro es el Señor, el centro no es el párroco, él es el que nos convoca en la Asamblea Litúrgica, él es el que preside la celebración, y él es el que nos convoca y nos reúne para crecer en la fe y crecer en el amor. Y el centro es la Eucaristía dominical, ¿no? vivir la Eucaristía dominical, preparar y desear la Eucaristía dominical como el mejor encuentro semanal. Aquel encuentro que nos ayuda a dar gracias y a pedir al Señor la ayuda necesaria para seguir adelante.
R.Á.: Tenéis también varios grupos. Creo que pronto va a comenzar un grupo también de discernimiento en el Espíritu, ¿no? Para seguir un poco con este trabajo que está haciendo la diócesis ahora mismo de implementar el Sínodo, poco a poco, en la diócesis, ya habéis hecho un trabajo previo y ahora va a arrancar también, ¿verdad? un grupo de este con este cometido.
L.M.: Sí, hay varios grupos en la parroquia que se reúnen una vez al mes para compartir la fe, para orar, compartir la fe y también adorar al Señor. Y ahora se va a retomar, pues, un grupo sinodal que ya había algunos grupos ya en la parroquia que habían quedado un poco apartados con la muerte del Papa Francisco. Y este, bueno, este silencio que ha habido, digamos, de alguna forma y seguimos ahora animados y vamos a retomar, pues esta llamada, a reunirnos sinodalmente para crecer en la conversación con el espíritu y escucharnos más todos.
R.Á.: Fenomenal. Y ya para terminar, padre Luis, ¿cuál es la inquietud y la esperanza, de un párroco de nuestro tiempo, de nuestra sociedad, para llegar más, para llegar a las familias, para llegar más a las personas que tenemos alrededor, que tienen una sed, y, bueno, pues, hay una sociedad que parece que está más descreída, pero, por otro lado, que está más sedienta que nunca?
L.M.: Pues, orar, orar al Señor, por toda la parroquia, por todos los fieles y anunciar y trabajar incansablemente para que esto se lleve a cabo.
R.Á.: Pues, muchísimas gracias, padre Luis. Gracias por compartir este testimonio más personal de la parroquia. Y por contarnos de este curso, que, bueno, pues, tiene toda una pinta maravillosa y nos ayudará a entender la belleza también de lo que celebramos cada domingo en la Eucaristía y poder servir mucho mejor. Así que, nada, muchísimas gracias, Luis. Un saludo.
L.M.: Gracias a ti y a todos. Muchas gracias.

