El obispo de las diócesis de Huesca y de Jaca, el padre Pedro Aguado Cuesta, ha hecho pública una carta pastoral en la que llama a los fieles a comprometerse activamente con la paz, inspirándose en el mensaje evangélico y en la reciente enseñanza del Papa. Bajo el título “De las espadas forjarán arados”, el prelado reflexiona sobre el contexto internacional actual y la responsabilidad de los cristianos ante la violencia y la desinformación.
La carta arranca con una cita del profeta Isaías que la Iglesia proclama cada Navidad como anuncio de esperanza. A partir de esta imagen, el obispo subraya que la paz no es una utopía lejana, sino una llamada concreta y permanente para los creyentes.
El padre Pedro explica que escribe esta carta tras los “graves insultos y falsas acusaciones” dirigidos contra el Papa León XIV por su firme condena de la guerra. El obispo defiende que el Santo Padre no ha hecho otra cosa que anunciar el Evangelio: “proclamar el mensaje de la paz y la necesidad de construirla”.
En este sentido, denuncia la manipulación de la verdad como uno de los males de nuestro tiempo y recuerda que los cristianos están llamados a anunciar la verdad con claridad, apoyados en las palabras de Jesús: “Bienaventurados los que trabajan por la paz”. Asimismo, recoge algunas expresiones del Papa como “¡Nunca más la guerra!” o su denuncia de la “idolatría del poder y del dinero”, insistiendo en que la verdadera fuerza se encuentra en el servicio a la vida.
Una paz más profunda
El obispo profundiza en el significado cristiano de la paz, alejándolo de una visión superficial. Señala que no basta con la ausencia de violencia o un simple alto el fuego, ni con acuerdos frágiles o imposiciones de fuerza. “La paz que buscamos no es el fruto de la lucha, sino de la humanidad”, afirma, subrayando que no puede construirse sobre el miedo, la falta de libertad o el silencio impuesto. Frente a ello, propone una paz que nace de la fe y que tiene su origen en Jesucristo y en el Reino de Dios.
Uno de los ejes centrales de la carta es la llamada a ser “constructores de paz”. El obispo recuerda que Cristo calificó así a quienes trabajan por la reconciliación, vinculando este compromiso con la propia identidad cristiana: “ellos serán llamados hijos de Dios”. Esta filiación, explica, implica reconocer a todos como hermanos, con un mismo Padre común. Desde ahí se entiende la paz como una tarea compartida que brota de la fraternidad.
El obispo enumera los pilares sobre los que debe edificarse la paz: la justicia, la verdad, la misericordia, el amor a los más desfavorecidos, el perdón y la conversión del corazón. También destaca la importancia del trabajo cotidiano por un mundo mejor. Recuerda, además, las palabras de Cristo resucitado: “La paz esté con vosotros; yo no os la doy como la da el mundo”, para subrayar que la paz cristiana es un don que transforma la vida.
El obispo concluye agradeciendo al Papa su “claridad y profecía” y anima a los fieles a orar para descubrir y construir esa paz que Dios propone. Invita a pedir un cambio del corazón que permita vivir verdaderamente como hijos de Dios. La carta se cierra con un mensaje de gratitud y bendición, alentando a toda la comunidad diocesana a colaborar en esta misión de paz en medio del mundo actual.