La Iglesia Católica celebra el 26 de junio la fiesta de san Josemaría, «el santo de lo ordinario», en palabras de san Juan Pablo II. Josemaría Escrivá de Balaguer nació en Barbastro a comienzos de 1902. Soñaba con ser arquitecto, hasta que durante su adolescencia, contempló las pisadas en la nieve de un monje carmelita y se dio cuenta de que Dios quería algo especial de él. Se ordenó sacerdote, de este modo, en Zaragoza, en el año 1925.

El 2 de octubre de 1928 fundó el Opus Dei. Incluyó en su proyecto a las mujeres en 1930, y a los sacerdotes diocesanos en 1943, con la formación de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. Durante la Guerra Civil, tuvo que esconderse y cruzar la frontera, para sobrevivir. En 1939, publicó Camino y regresó a Madrid, donde terminó su doctorado en Derecho.

Durante los últimos años de su vida (1970 – 1975), se dedicó a viajar en misión de catequesis caritativa con los miembros del Opus Dei de distintos países. Falleció el 26 de junio de 1975. Desde entonces, millares de personas comenzaron a pedir su canonización, inclusive más del tercio del episcopado mundial, en aquel momento. Se atribuyen a su persona cientos de miles de sucesos extraordinarios. Fue Canonizado por San Juan Pablo II en el año 2002, quien lo definió como “el santo de lo ordinario”. Actualmente, su Obra cuenta con 93.000 miembros, aproximadamente.

Cuando tenía 2 años, san Josemaría fue llevado por sus padres a la ermita de Torreciudad para agradecer la curación de una grave enfermedad. En 1975, bajo su impulso, abrió sus puertas un renovado enclave mariano al que miles de fieles siguen acudiendo a la intercesión de Santa María bajo esta advocación milenaria, una devoción secular entre los vecinos de este entorno.