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Educar, una acción de esperanza

Jesús Moreno
8 de septiembre de 2021

                Tres coincidencias del comienzo de septiembre (este mes en el que parece que todo comienza), me han conducido a estos pequeños apuntes sobre la educación.

                La primera es el comienzo escolar en España. Niños, niñas, padres, maestros, compras de material escolar, medidas higiénicas y preventivas, nueva ley de educación (¡una más! Y no será la última). Todo un mundo de emoción, de movimiento, de preocupación, de esperanza. La vida que crece y nos implica a todos.

                El día 5, primer domingo de septiembre, me encuentro con esta plegaria en la oración de los fieles de una publicación litúrgica: Por los niños y estudiantes: que inicien el curso con alegría y ganas de trabajar; que prefieran aprender y saber, antes que aprobar el curso.  Alegría y trabajo, muy buena receta. La segunda parte de la petición, muy sugerente: antes ‘aprender y saber´’ que ‘aprobar el curso’. Claro, si uno trabaja con alegría, aprende y sabe, seguro que ‘aprueba’. Aprobar es la consecuencia. Aprender y saber, en sentido profundo, completo, es el objetivo de la educación.

                Para superar la cuestión de si es suficiente con ‘aprender y saber’, en su sentido reducido de adquirir conocimientos, viene la tercera coincidencia de estos días. Primero me llegó por WhatsApp y después, por querer saber algo más, lo encontré, reproducido muchas veces, en Google. El ensayista y académico español, Antonio Escohotado, en una entrevista que le hace el escritor Fernando Sánchez Dragó en 2019, reflexiona y habla sobre de qué está compuesta la riqueza de un país y de lo que supone tener buena educación.

« Un país no es rico porque tenga diamantes o petróleo. Un país es rico porque tiene educación. Educación significa que, aunque puedas robar, no robas. Educación significa que tú vas pasando por la calle, la acera este estrecha, y tú te bajas y dices ‘disculpe’. Educación es que, aunque vas a pagar la factura de una tienda o un restaurante, dices ‘gracias’ cuando te la traen, das propina y cuando te devuelven, lo último que te devuelvan, vuelves a decir ‘gracias’. Cuando un pueblo tiene eso, cuando un pueblo tiene educación, un pueblo es rico. O sea, en definitiva, la riqueza es conocimiento. Y sobre todo un conocimiento que le permite el respeto ilimitado por los demás»

                Es ‘otra’ la riqueza de la que nos habla el académico español. Mucho más amplia y profunda que el puro aprender y saber. ‘La riqueza es conocimiento’, dice Escohotado. Y conocimiento es penetrar en el sentido de la existencia y en la correcta, humana y solidaria forma de vivirla. Eso entiendo que significa, entre otras cosas, la afirmación completa del autor: ‘un conocimiento que le permite el respeto ilimitado por los demás’. Educar es, por tanto, dignificar la vida de todos, la relación con los demás, crecer en solidaridad, atender y escuchar con cariño -no desde arriba y desde lejos-, abrir a la transcendencia, a la espiritualidad, infundir un espíritu abierto a todo y a todos, a la comprensión, al dialogo respetuoso y creativo…

Todo esto nos lleva a concluir que “Educar es siempre un acto de esperanza, La educación es ante todo una cuestión de amor y responsabilidad que se transmite en el tiempo de generación en generación”. El cuarto eslabón de esta pagina es el Papa Francisco a quien pertenece la frase anterior dirigida al encuentro “Pacto Educativo Global” (15 octubre 2020).

                Siendo arzobispo de Buenos Aires, impulsó los programas «Escuela de Vecinos» y «Escuelas Hermanas». «Unir escuelas, deportes populares y solidaridad» fue la línea de acción que propuso. Esta iniciativa dio paso a la creación de Scholas Occurrentes, escuelas unidas para ir creando una nueva cultura: la cultura del encuentro. Scholas es desde agosto de 2015 una fundación canónica privada que depende de la Congregación del Clero. Y también conocemos el trabajo, el empeño y las actividades que impulsa el Papa para proponer un Pacto Educativo Global.

                Y nos regala estas reflexiones: “La educación se convierte en portadora de fraternidad y creadora de paz entre todos los pueblos de la familia humana, y también de diálogo entre sus religiones… Habéis tomado la decisión acertada: habéis apartado la vista de la pantalla de vuestro teléfono móvil y os habéis arremangado para servir a la comunidad. ¡Y también habéis puesto vuestros móviles al servicio de este compromiso! Lo que me gusta tanto ?viendo como sonríen vuestros ojos? es que habéis preferido la solidaridad, el trabajo común y la responsabilidad a tantas otras cosas que el mundo os ofrece. Efectivamente, es así: algunas cosas te divierten un rato, y luego basta. En cambio, este compromiso juntos os da una satisfacción que se queda dentro” (A los jóvenes participantes en el encuentro ¡YO PUEDO! 30 noviembre 2019).

                Y no olvidemos que todos, y durante toda nuestra vida, somos educadores y educandos. Nuestra vida educa o desorienta negativamente a los nuestros y a quienes nos contemplan. Y somos siempre educandos porque influyen en nosotros, para bien o para mal, el ambiente social y el ejemplo de muchos. Y entonces, ‘educación significa que, si roban otros, ¿por qué no yo?”

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