Don Ángel ante el nuevo año: «No sabemos qué traerá. Pero sí sabemos a Quién pertenecemos. Y eso basta»

Ascen Lardiés
2 de enero de 2026

En la tarde del 1 de enero, coincidiendo con la solemnidad de Santa María, Madre de Dios y la festividad del Dulce Nombre de Jesús, el obispo de Barbastro-Monzón presidió la eucaristía en el Monasterio de las Madres Capuchinas de Barbastro, cuya iglesia se encuentra bajo el patrocinio del Dulce Nombre de Jesús desde hace siglos. Una dedicación, recordó don Ángel, que representa el centro de su fe y su misión: vivir y amar desde «el Nombre que está sobre todo nombre».

Acompañado de los sacerdotes de la Unidad Pastoral de Barbastro, durante su homilía destacó la importancia de este monasterio como el «corazón orante de la ciudad» y animó a los fieles a afrontar el nuevo año con confianza y esperanza. En este sentido, subrayó que la Iglesia, en su sabiduría, no comienza el año invitando a hacer balances o propósitos, sino a fijar la mirada en un nombre: Jesús. «Un nombre sencillo, breve, pero cargado de promesa que significa Dios salva«

En sus palabras, Mons. Pérez Pueyo quiso destacar la importancia que tiene la presencia de la vida contemplativa en la localidad. Afirmó que Barbastro no se entiende sin este monasterio, que ha permanecido como una «lámpara encendida» a lo largo de generaciones.

Misión silenciosa, servicio imprescindible y refugio espiritual.

El obispo destacó que, aunque la vida de las hermanas sea escondida, su modo de pronunciar el nombre de Jesús sostiene a la Iglesia y al mundo. «Aquí, el Nombre de Jesús ha sido susurrado, cantado, llorado y adorado. Y cada vez que ha sido pronunciado con fe, ha salvado un poco más el mundo».

Definió la oración de las capuchinas como un «aceite que mantiene encendida la lámpara» y una «memoria viva de lo esencial» en una sociedad que a menudo corre y olvidaEl monasterio, además, ha sido lugar de oración por las familias, los enfermos y los nacimientos, convirtiéndose en un refugio para la ciudad tanto en tiempos de paz como de prueba.

En esta línea, don Ángel envió un mensaje de serenidad ante la incertidumbre del año que comienza: «No sabemos qué traerá el año nuevo, pero sí sabemos a Quién pertenecemos, y eso basta».

Instó a los presentes a llevar el Nombre de Jesús escrito «no solo en los labios, sino en la vida», concluyendo con una reflexión sobre el camino del creyente: «comenzar el año con Jesús es comenzar bien, y terminarlo con Él será llegar a casa«.

Al finalizar, las religiosas invitaron a los fieles a un buen chocolate caliente, que animó la tertulia y el intercambio de buenos deseos para el 2026 recién estrenado.

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